jueves, 7 de julio de 2011

The Machinist


De las películas que he visto, donde la trama gire en torno a la culpa, siempre el primer título que surgía era Oldboy. Por suerte, ahora podré señalar a The Machinist (2004) de Brad Anderson como un referente que no puede dejar de verse.

En resumen, la película se centra en Trevor Reznik (Christian Bale) un obrero metalúrgico que sufre de insomnio crónico. No ha dormido en un año y esto ha tenido un efecto físico y psicológico terrible en él. Pierde peso constantemente hasta el punto de ser prácticamente un esqueleto caminante. Sin embargo, esto no parecía un mayor drama para Reznik hasta el día en que conoce a Ivan (John Sharian), otro obrero de la fábrica que pareciera ser el organizador de un complot en contra de Reznik. Lo peor, es que nadie más parece ver o conocer la existencia de Ivan. Para encontrar la respuesta a este misterio, Ivan le propone un juego de ahorcado lo que daría las pistas que están escondidas en la misma mente de Reznik. Ello lleva a Trevor a un estado de paranoia total, que lo desconecta más y más del mundo, sin saber si lo que tiene frente a sus ojos es un complot para volverlo loco, o una manifestación de su mente fracturada.


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El escalofriante look de Bale

Recuerdo que la primera película que vi de Christian Bale fue Equilibrium, luego lo seguí en American Psycho, The Prestige, 3:10 to Yuma y las más conocidas, las de Batman y Terminator. Y aunque en estas películas más comerciales no se pueda ver lo mejor de Bale, lo considero un actor versátil, capaz de hacer creíble sus personajes tanto a partir de sus diálogos como con su lenguaje corporal. Pero creo que me faltaba ver su actuación en esta película para quitarme cualquier atisbo de duda de la enorme capacidad de Bale.

Como decía al inicio, el tema central de la película es la obsesión de la culpa. El insomnio es sólo una excusa para el deterioro físico. Y así como vemos a prisioneros mermados físicamente por torturas o diversas vejaciones físicas, el estado de Reznik los emula teniendo la única diferencia que su culpa es su verdadera prisión. La mente de Reznik está atrapada en un laberinto paranoico, provocado por lo que hizo un año atrás. Lo que vemos en la película, los retazos de memoria que vamos recuperando para responder a la preguntar “¿quién eres tú?”, someten al personaje a una tortura personal, que lo muestran en un estado de ansiedad y vulnerabilidad alucinantes.

No puede dejar de mencionarse el tono del film, como un contraste continuo de luces y sombras. La luz se encuentra en el pasado, en espacios exteriores. Todo lo contrario a la casa de Trevor. Ésta se muestra como un espacio fuera del mundo, de oscuridad dominante que se acrecienta a medida que el cuerpo y la mente de Reznik van tocando fondo. El corte de la energía eléctrica no es gratuito y que empalma con el clímax de la película y la respuesta al juego de ahorcado. Este contraste coincide también con la misma visión de Trevor, tan borrosa como su percepción de lo que sigue siendo real.



Y si bien no es una película sencilla de seguir, tampoco llega a los niveles caóticos de David Lynch. Como todo juego de locura y pesadillas, demanda un poco más del espectador, pero bien vale la pena para llegar junto con Trevor a juntar todas las piezas para descubrir la verdad de este retorcido rompecabezas. En pocas palabras, un excelente thriller psicológico que merece ser recomendado.


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