sábado, 30 de noviembre de 2013

Eden Lake

Una de mis películas favoritas es American Psycho, de la cual me es difícil escoger una sola escena en especial. Pero quizá la que más me impactó, haya sido una pared manchada de sangre con el visceral mensaje Die Yuppie Scum (Mueran escoria yuppie) escrito por el mismo protagonista como un grito de odio y desprecio a su propia clase. Hace un tiempo, me recomendaron ver Eden Lake (2008), del director inglés James Watkins, y debo decir que quedé bastante sorprendido y satisfecho. Más allá de la violencia en el film, hubo un detalle que en verdad me movió y es el centro de este comentario. Fue encontrar casi el mismo mensaje escrito. Y quizá un odio y desprecio más fuerte que escinde la realidad y da sentido a todo el caos.

Jenny (Kelly Reilly) y Steve (Michael Fassbender) son una joven pareja citadina, la cual decide emprender un romántico viaje de fin de semana hacia el interior de Inglaterra, exactamente, hacia el Lago Eden, que Steve había conocido años atrás y sobre el cual guardaba buenos recuerdos. Al llegar, se percatan que el lago está cerrado pues una empresa constructora iba a comenzar un gigantesco proyecto habitacional en la zona. Para colmo de males, se encuentran con una pandilla de chicos con muy mala actitud que comienzan a molestarlos. Dispuestos a no dejar que nada de esto arruine su experiencia, Jenny y Steve deciden quedarse en el lago y disfrutar sus vacaciones. Pero la animosidad entre ellos y el grupo de chicos va en aumento, hasta que la violencia irrumpe, y de qué manera, con consecuencias previsibles.


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FUCK OFF YUPPY CUNTS

Cabe recordar que James Watkins fue también uno de los guionistas en la secuela de The Descent, y más allá que esta no haya estado a la altura de la original, es indudable que hay ciertos temas, que se mantienen en sus trabajos. Por un lado, la heroicidad femenina fracasada o al menos, insuficiente. Por otro, es notoria la adopción de tramas sobre prejuicio en el encuentro de clases sociales y la maldad intrínseca a la sociedad moderna de películas como las francesas Ils (2006) o Frontière(s) (2007). Todo ello nos ayuda a comprender la furia de una frase: FUCK OFF YUPPY CUNTS.

Jenny y Steve llegan finalmente a Lago Eden y ven un cartel donde se anuncia un gran complejo de viviendas. Cruzan ese aviso sin percatarse del mensaje escrito a espaldas del letrero y segundos después, el GPS les dice que den la vuelta a lo que hacen caso omiso. Todo el film está condensado en este momento. Lo rural, el poblador del interior, está siendo despojado de su espacio. A todas sus carencias, se suma la pérdida de su propio lugar a manos de esos otros, los de la ciudad, con mayores recursos económicos. Watkins no escatima esfuerzos en marcar el resentimiento y la fractura social de un crecimiento desigual. Los muchachos, liderados por Brett (intimidante performance de Jack O'Connell) odian a estos “middle class yuppies” a quienes ven como arrogantes e inmerecidamente ricos. Los detestan no solo porque tienen lo que ellos no (dinero y seguramente la posibilidad de agencia en la sociedad) sino por la indiferencia con la que son tratados. No por gusto esta empresa está construyendo sobre Lago Eden como si el otro, el poblador rural, no existiese.

Ya avanzada la historia y luego que los muchachos incluso han hurtado las pertenencias de la pareja, Steve encara a Brett, quien estaba usando los lentes que le robó y de manera petulante le remarca que en su vida podría haber comprado unos Ray Ban Aviator. Watkins confirma que en una sociedad así, el diálogo ya no es posible. De esta forma, es lógico comprender que la violencia, el golpe, el grito, es la única respuesta posible en donde ya no existen más palabras entre sujetos enfrentados y ajenos el uno al otro.

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Ya sentado el filo de la crítica social, comienza el film de horror. Los muchachos sueltan toda su frustración en Steve, en una sádica escena de tortura por momentos enervante. Entra la lógica del horror, y nuevamente comprobamos cómo el género no deriva del sexo sino de la acción. Un Steve físicamente destruido es salvado por Jenny y llevado a cuestas para salvarse de la ira de estos mozalbetes. Uno entra a un terreno conocido, en donde la mujer necesita desfeminizarse en el tránsito de víctima a victimaria. Y mientras va acabando con sus asaltantes, Watkins nos da un cruel guiño hacia el lúgubre final. Cuando Jenny mata a uno de los niños, el remordimiento o algo similar a esto, la embarga. Abraza al niño, cual tragicómica representación de la Pietà, y grita amargamente haber llegado al límite de lo tolerable. Personalmente, considero que aquí se firma la condena de Jenny. Siempre hablando en términos de un film de horror, ella no juega bien en las coordenadas de la venganza femenina. La venganza hacia él (sobre todo Brett) y la venganza de la ciudad contra el hostil campo. La película la termina castigando con un desenlace que no detallaré pero admito que para Jenny, el costo de su incapacidad de ser una verdadera heroína es un precio trágico e insoportable.

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El odio interminable

El final de Eden Lake me dejó vacío. Que de ninguna manera quiere decir insatisfecho. Vacío en el sentido que no hubo catarsis, que no hubo un respiro final ante la violencia. Esta se erige como imperecedera y omnipresente, devorando cualquier espacio para una salida o para la esperanza. Luego de meditar por unos minutos un estado tan deprimente de las cosas, debo concluir que Watkins ha logrado una muy buena película. Que puede ser tomada de muchas maneras, como una certera crítica social o como un buen film de horror. Brutal. Cruda. Mordaz. Definitivamente recomendable.




Eden Lake (2008) on IMDb

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