viernes, 15 de febrero de 2013

Mama

Entre las muchas riquezas del cine, es que este siempre pueda refutar lo que tú des por sentado. En mi caso, hace poco escribía que la importancia y fuerza del cine de horror, residía en sugerir mas que en mostrar. Y sigo pensando que evitarnos ponernos inmediatamente frente a lo monstruoso, permite potenciar esa angustia y temor a lo desconocido pero que sabemos que está presente acechándonos. No obstante, debo admitir que hay formas de darle la vuelta a esta idea, y exponer al monstruo sin que se destruya la carga libidinal de esta amenaza, abriendo otras posibilidades de lectura.

Hace un tiempo, tuve la suerte de ver el perturbador corto del argentino Andrés Muschietti (2008) del cual parte este film. Al saber que iba a expandirse en una película completa, con la producción de Guillermo del Toro, las expectativas sobre Mama (2013) eran altas. Y antes de intentar un análisis, debo aclarar una pequeña y muy importante diferencia entre ambos productos. Es evidente que del corto al largometraje no solo se habla de una extensión en tiempo y argumento, sino que hay un notorio cambio de registro. El corto está enraizado en el horror sobrenatural bajo elementos comunes como personajes y un escenario de clarooscuros y claustrofóbico. El film por el contrario, no solo rompe con el lugar terrible [1]  y su parafernalia, sino que además transita entre el horror y la fantasía gótica. Entonces, ¿Mama no es una película de horror? Claro que lo es, y muy buena, pero al tener al fantasma como eje, era imposible no revelarlo en algún momento. Y al hacerlo, evidentemente la potencia del monstruo iba a ceder. ¿Cómo reacciona el film de Muschietti (seguro que con influencia de Del Toro)? Llevando al fantasma a un registro donde pueda seguir funcionando sin resultar incongruente.
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