jueves, 23 de febrero de 2012

Melancholia


Con Melancholia (2011), Lars Von Trier persiste en la posición de la mirada femenina. En su filmografía se insiste afanosamente en la entrega absoluta de la mujer, su demanda infinita (universal), su heroísmo anti-convencional y una forma aparentemente “única” de romper desde su sensibilidad con el orden patriarcal, y su naturaleza técnico-científico, poseedora y cínica. Claro esta, este es un tipo de mujer muy particular que representa una especie de semilla creativa de la posición femenina generalizada. Por lo menos en Breaking the waves (1996), The Idiots (1998), Dancer in the Dark (200O) y Dogville (2003) y ahora en Melancholia, el protagonismo de la mujer como un catalizador de cambio y autenticidad en la vida social humana, se hace innegable. Y es que la mujer parece monopolizar en su constitución subjetiva original, una experiencia radicalmente alternativa a los ejes patriarcales para interpretar el mundo. En términos lacanianos, la mujer, al ser socializada (castrada) en el mundo al momento de nacer, no posee una plena identificación con el Padre (y con la idea del padre) y su símbolo libidinal de poder y orden: el falo. Es por ello que la experiencia femenina es tan rica para construir narrativas post-occidentales (meta-racionalistas)

domingo, 5 de febrero de 2012

Martyrs


¿Hasta donde podemos mirar en el cine?, ¿Hasta dónde podemos aguantar en la pantalla?, y sobre todo, ¿para que? Cada quien tiene su límite pero sobre lo que no hay discusión es que existe en el ser humano una inclinación natural, una especie de “voluntad de mirar” y de encontrarse prematuramente con la experiencia de la gratuidad, la contingencia, la fragilidad del cuerpo humano y su finitud, para caer en la cuenta de que somos un cúmulo de materia en descomposición y al encuentro de la muerte. Claro, nuestra tradición judeo-cristiana nos ha dado el alma, ha construido la espiritualidad abstracta, (trascendente) y de hecho nuestra naturaleza social y simbólica tiende también a separarse del cuerpo y sus pulsiones. El cuerpo es una “cárcel del alma” decía Platón. Hoy en día esa tendencia a eliminar los placeres mundanos y físicos a favor de la vida intelectual (de la contemplación) como propugnaban los griegos y luego los cuerpos morales de la modernidad protestante, se ha invertido completamente. A duras penas los conservadores observan como la gente vive un goce y disfrute desenfrenado (Sexual, informativo, consumista, racional, etc.) que en general pone el alma al servicio del cuerpo.
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