jueves, 31 de enero de 2013

Ils

Personalmente, no tengo duda que el mejor cine de horror contemporáneo viene de Europa. La nueva ola de horror francés no solo está ofreciéndonos productos brillantes sino que su riqueza también parte por no repetirse, dada su variedad en ofertas y posiblidades. Por ejemplo, la genial Haute Tension de Alexandre Aja, camina por los registros del cine slasher pero potenciada al resemantizar la furia psicosexual del asesino. Cuando veíamos Martyrs de Pascal Laugier, nos preguntábamos hasta cuánto más podemos tolerar en pantalla, haciéndonos participes de una experiencia brutal y salvaje. Y al otro extremo podríamos colocar la intensa Ils (Ellos, 2006) de David Moreau y Xavier Palud, donde el horror juega con lo invisible y la participación del espectador.


Así, Ils sorprende en varios niveles. Primero, por la brevedad y modestia del film. Segundo, por la simpleza de su argumento. Y finalmente, porque a pesar de todo eso, al terminar de verla, sabes que has presenciado un nuevo ícono del horror-suspenso. La historia es bastante simple. En Bucarest, Clémentine (Olivia Bonamy) es una profesora de francés que vive junto a su esposo Lucas (Michaël Cohen) a las afueras de la ciudad. Una noche, mientras descansaban, ella escucha ruidos fuera de casa, y antes que reaccionen, unos intrusos irrumpen en la casa intentando asesinarlos. Es la clásica estructura de asalto y persecución, no muy original por cierto. El horror, por supuesto, subyace en la elaboración.


Decía hace poco que la película de Laugier basaba su efecto en saturar los límites a través de la sobreexposición de la violencia. En Ils es todo lo contrario, la violencia es velada, es sugerida o mejor dicho, completada por nosotros. Decía Michael Haneke, que aquello que no es mostrado y que necesita que nosotros mismos activemos a partir de nuestra fantasía, es más potente y esto porque mi mente puede crear aún peores escenarios que aquello puesto en pantalla. Efectivamente, aquí la muerte es omnipresente pero juega fuera de cámara. Por ejemplo, a “Ellos”, solo podemos darles un fugaz vistazo. Se presentan marginalmente visibles tanto para la víctima como para el espectador. Esto termina por crear una amenaza aún más aterradora que si tuviéramos al monstruo/asesino frente a frente. “Ellos” son difícilmente humanos, y eso los directores lo saben muy bien, por ello es lógica la ausencia de la palabra. El habla no existe y su presencia amenaza a partir de ruidos. Cuando Clémentine está escapando de ellos en el bosque, los escucha por todos lados. Ruido, silbidos, movimiento alrededor de ella menos donde deposita la mirada. La atmósfera es insoportable y deseas que termine todo. Que aparezcan y rompan esa tensión insoportable. Eso son “ellos”, el mal invisible.

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Por supuesto, el film hacia el final y cuando el juego termina, se permite mostrarlos. Cuando Lucas mata a uno, el rostro descompuesto que tiene al observarlo es indescriptible. Al matar a Clémentine y Lucas, se descubre que Ellos no son más que una pandilla de niños y adolescentes, que solo querían pasar un buen rato. La historia acaba cuando (fuera de la narración) son capturados y confiesan que asesinaron porque los esposos no querían seguir el juego. En esta historia los asesinos no tienen un motivo oculto, un trauma o una venganza que cumplir. Aquí simplemente se trata de matar por el simple hecho de poder hacerlo. Es violencia gratuita, como en todo lo que consumimos, como en las noticias de tiroteos, como en las películas, como todo lo que nos rodea. Ellos son el sujeto inmerso en la hiperviolencia cuyos sentidos ya no pueden o no quieren diferenciar el mal. En una entrevista a Haneke respecto a la violencia y Funny Games, él mencionaba que una de las noticias más perturbadoras que leyó y que su película trataba, es sobre estos jóvenes para quienes no existe motivo para la violencia, no hay razón más allá del puro placer de experimentar una sensación emocionante.

Quizá por ello, el final resulta perfecto. Nos remite a la nada. A la frustración pura, un escape imposible, donde una sociedad ciega a los monstruos invisibles que genera, ocultos en sus propios cimientos y entrañas, se encuentra sin esperanza.

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Them (2006) on IMDb

2 comentarios:

  1. Confieso que el terror funciona para mi unicamente si tiene lugar en espacios elegantes, con monstruos sutiles y con atmósfera sobrenatural. El gore-terror de hoy en día en que priman sangre y vísceras por sobre historia no me atrae. Y menos descubrir al final que nunca existieron los monstruos, sino que todo es originado por sádicos ociosos.

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    1. Ese es un tema que da para largo mi amiga. De hecho, a mí lo que no me gusta es el gore tonto, el horror basado solo en la destrucción del cuerpo. Me aburre y me siento atontado por ese facilismo. Ahí tenemos lo que hace Eli Roth con "Hostel", o estas películas en serie como "Final Destination" en las cuales la misma estructura de muerte se repite ad nauseam.
      No obstante, cuando está bien hecho, cuando no se busca solo el efecto de las visceras como el horror per se, entonces puede funcionar bien. En este post por ejemplo menciono a "Alta Tensión" de Alexandre Aja. Es fuerte, brutal de verdad, pero en la manera cómo narra, cómo construye la tensión de estar al filo de la muerte, es lo que le da valor. La Colina tiene Ojos, es otro ejemplo de ello.

      Pero comprendo que esto puede ser un poco extremo, allí es donde quería poner a esta película Ils. En los 70 minutos que dura, no se ve ni una sola muerte. Es más limpia si se quiere, pero no por ello menos fuerte, esa sensación de angustia es única.

      Por lo que decías al inicio, creo entender que te gustan más las figuras del horror gótico, Dracula o Frankenstein. Claro! creo que son básicas las películas de Murnau, las de Wiene, etc. Justo ayer estaba buscando una, "Nosferatu: Phantom der Nacht" (1979) he leído que es buenísima, además que actúa Isabelle Adjani que me encanta.

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