viernes, 15 de julio de 2011

La Horde

Dentro del cine Z, es decir de zombies, se debe hilar muy fino para no repetir hasta el hartazgo elementos que se hacen lugares comunes. Y aún cuando en este tipo de cine, queda muy poco lugar para la innovación, existen diversos directores que logran sacar algo distinto, algo que haga su película única y que logre sobresalir del resto.

La Horde (2010) de Yannick Dahan no es el caso. No me malinterpreten, no creo que sea una mala película. Al contrario, es muy correcta, utiliza muy bien los elementos empleados por nombres como Romero o Carpenter, pero no logra con todo ello encontrar un rumbo propio.
Un signo que la haga una propuesta distinta y un referente a futuro. La historia pareciera empezar in medias res, ya que no solo se elide por completo el inicio de la catástrofe zombie sino que incluso la historia principal, el conflicto entre policías y la banda nigeriana de delincuentes, se siente forzada. Como en un sueño, no recordamos exactamente cómo llegamos al punto inicial de la narración. Lo concreto, es que un policía fue asesinado, y sus compañeros deciden vengarlo y toman por asalto un edificio a las afueras de una ciudad francesa. No obstante, los nigerianos acaban con los policías fácilmente y antes que puedan eliminarlos, se da el brote zombie y aparentemente no es necesario ser mordido para regresar, como sugería también Diary of the Dead. El panorama cambia y ambos bandos deben unirse para poder salir vivos del edificio y escapar hacia una base militar, pero las reticencias entre ambos grupos podrían resultar fatales y hacer la sobrevivencia imposible.

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La idea central no es nada mala, y la elección de escenario es perfecta. Si algo funciona muy bien en películas de horror, y sobre todo de zombies, slashers, etc., es hacerlo en un espacio cerrado. Así como Night of the Living Dead, [REC], The Descent, etc., La Horde opta por atrapar a sus protagonistas entre un mar de muertos vivientes y caminos sin salida ya que como Dahan lo debe saber bien, el encierro viene a funcionar como una representación física de la angustia y la tensión. La cual también se nutre de los dos grupos de personajes. El grupo de policías sin lugar a dudas fue el menos cohesionado. Con personajes simples, aún cuando Ouessem (Jean-Pierre Martins) tenga la escena icónica del film peleando contra la horda de zombies , mal balanceados sobre todo el personaje de Aurore (Claude Perron) que fue pesimamente utilizado, no existe mucho que rescatar de ellos. Sin embargo, el grupo de delincuentes es un poco más conciso y es una lástima que sea tan poco explotado. Se sabe que son nigerianos, se sabe que existe una carga de resentimiento ante la metrópoli francesa, y nada más. Y eso deja a los personajes totalmente en el aire, quitándole peso dramático a Adewale (Eriq Ebouaney) que sin lugar a dudas, es de los más interesante del film, ya que por un momento traza un paralelo entre su condición de colonos esclavizados y los zombies. Pero solo es un atisbo frustrado por el poco desarrollo argumental.

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Mientras la película se desarrolla a un vértigo frenético, y aparece el personaje del viejito loco con la ametralladora y las granadas, uno se pregunta si el final puede resultar previsible, o al menos, qué puede dejarnos La Horde para pensar de nuestra condición humana. Pareciera que se optaba por el camino fácil de destajar cuerpos e inclinarse por la propuesta visceral de la destrucción humana antes que por rescatar algún mensaje de nuestra condición como especie, como el cine de Romero. Pero no es sino hasta la última escena del film, que Yannick Dahan decide que no solo se trata de formas sino también de fondos, y siente que debe entregar además de una buena película de horror algo que llegue al espectador. Una vez que el grupo de sobrevivientes ha sido prácticamente diezmado, los únicos que logran salir del edificio son Adewale y Aurore, el camino hacia la base y la salvación está al alcance, pero Aurore decide volarle la cabeza a Adewale en retribución por la muerte del primer policía, antes de perdonarlo y con ello, asegurarse también un aliado ante los zombies. El film cierra con el cuerpo inerte de Adewale y la mirada fría de Aurore mientras la horda de zombies se aproxima.

Lo que yo entiendo de este final y que sí lo hace un film distinto, es que a diferencia de finales como los de Romero que juegan con la ambigüedad de la situación y la ansiedad de no saber qué nos depara el mañana, o un final como el mal remake de Dawn of the Dead de Zack Snyder que sugiere que ya no hay escape, Dahan logra dar un golpe más duro en la naturaleza humana. Aquí no importa si el zombie puede ser erradicado o si domina por completo el mundo, aquí lo que interesa es que no existe más esperanza porque uno ya se cansó de creer. Ya no existe un sueño del mañana, porque ya somos incapaces de imaginarlo. En esta película nunca han existido héroes, solo víctimas que esperaban darse cuenta que hacía mucho estaban muertas. Como un pensamiento final, no puedo quitarme de la cabeza que sea una mujer la que nos demuestre ello. Que a diferencia de los personajes masculinos como Adewale y Ouessem que ilusamente pensaban a futuro, por qué una mujer es la que lleva hacia el fin de la humanidad. Es una pregunta a la que aún no le encuentro respuesta.


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