jueves, 7 de julio de 2011

Benny's Video


El concepto de metacine y el involucrar de manera activa al espectador con lo puesto en escena, no es para nada algo nuevo. Un ejemplo que viene a mi mente, es la genial Peeping Tom (1960) de Michael Powell, que contaba la historia de un criminal que filmaba a sus víctimas en todo el proceso de asesinato. Y si alguien ahora puede despertar una respuesta similar o mucho más provocadora, es Michael Haneke.

El argumento de Benny’s Video (1992) es bastante sencillo pero es increíble que con tan poco se pueda decir tanto. Benny, interpretado por Amo Frish a quien luego vemos en Funny Games, es un adolescente apático, hasta casi deshumanizado en su indolencia. Todo su mundo está construido a partir de películas, tanto las que mira como las que él mismo produce. Benny conoce a una chica a quien invita a ver estos films, hasta que llegan al tema de la violencia en las películas. Sin mayor explicación excepto el querer saber cómo se siente el asesinar, Benny mata a esta chica mientras la filma. El resto de la película va a girar en torno a cómo los padres de Benny reaccionarán a lo hecho por su hijo y por otro lado, a cómo Benny procesa el crimen.


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♫ Video killed the movie star. Pictures came and broke your heart ♫

Entre este film y Funny Games, existen vasos comunicantes, tanto en temas como en la manera de mostrarlos. El tema principal es evidentemente la reflexión sobre la violencia en las películas, que es a lo que en el inicio mencionaba como metacine. Benny es un paralelo al director fuera de la película. Es él quien nos enfrenta a la muerte a fin de provocar una respuesta en nosotros, y por qué no decirlo, de alguna manera también manipular nuestras emociones. Lo interesante de Haneke, es que él genera todo esto sin necesidad de enrostrarnos la violencia y el horror, sino los efectos de ésta. La película inicia con un video de Benny que muestra cómo se asesina a un cerdo en una granja, y se ve hasta en cámara lenta cómo el pobre animal deja de existir. Sinceramente, es tan explícito que hasta se puede sentir el instante exacto en el que el cerdo expira. Sin embargo, cuando muere la muchacha de la misma manera como es ejecutado el animal, la cámara apunta hacia otro lado y todo el horror es construido por nosotros que terminamos de completar la imagen a través del sonido de la película, que es verdaderamente desgarrador. Esto es eficaz pues demuestra que el voyeurismo, esta necesidad compulsiva de ver y de controlar a partir de la mirada, está en nosotros. Que lo atroz ya está dentro y quizá sólo necesita un catalizador.

Por otro lado, desde el inicio se va a cuestionar lo que está puesto en pantalla, la idea que se puede registrar todo. ¿Para qué filmamos? Pues simplemente para controlar la imagen, para congelarla en un momento y pensar que es nuestra. Creo que Haneke trata de poner en relieve la manera cómo nos relacionamos con la realidad. Esto en el sentido de la exacerbación de la imagen, en una cultura de la mass-media, televisión, cine, internet, etc. El eje de esto, es cómo se construye la experiencia a partir de la mediación del video. Al ser estas imágenes inertes, existe un acercamiento ascético a lo puesto en pantalla. Como si nuestra subjetividad estuviese puesto a salvo antes de entrar en contacto con lo que uno ve. Es esta la reacción de Benny al crimen. Benny ve el video una y otra vez, y no siente absolutamente nada. Nosotros vemos muerte constantemente en la pantalla, y en cierto modo, se va generando un nivel de indolencia y falta de compromiso con lo que nuestros sentidos captan. Parafraseando a Haneke respecto a la violencia en las películas, el espectador puede disfrutar del horror pues sabe que no le va a pasar nada.

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Sonríe para la cámara

Y esto es horrible decirlo pero lo voy a confesar. Yo no me estremecí por la muerte de la chica, sino por el final que la película le da a Benny. Al igual que en Funny Games, Haneke vuelve a castrar el goce de la catarsis. Benny es un desgraciado, el súmmum de estos monstruos que nuestra sociedad engendra, hijo de familias descompuestas, cínicos e incapaces de generar lazos con el otro. Y de alguna manera sórdida, quienes terminamos pagando los platos rotos, somos nosotros al enfrentarnos a lo sombrío de nuestra naturaleza.


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