martes, 12 de julio de 2011

Inglourious Basterds


Durante la ocupación alemana en Francia en la Segunda Guerra, el coronel de la SS Hans Landa (Christoph Waltz) estaba encargado de perseguir y eliminar la presencia judía de suelo francés. Los aliados, teniendo en cuenta que esta es una realidad alterna, no se quedan con las manos cruzadas y preparan a un contingente bajo las órdenes del teniente Aldo Raine (Brad Pitt) conocidos como los “Bastardos” para eliminar a la mayor cantidad de nazis. Uno de los judíos que escapó de Landa, Shosanna Dreyfus (Mélanie Laurent), adopta una nueva personalidad y se vuelve dueña de un cine. Así, conoce al héroe de guerra alemán Fredrick Zoller (Daniel Brühl), quien por su desempeño en el frente ruso, se volvió un icono del cine de propaganda nazi. Aprovechando esta situación, el alto comando nazi decide que la premiere de la película de Zoller se realice en el cine de Dreyfus. Ella, ve la oportunidad perfecta para vengarse de los nazis, tendiendo una trampa que acabe con los altos jefes nazis, incluyendo a Hitler. Al mismo tiempo, esta oportunidad también es aprovechada por los Bastardos. Sin embargo, su plan es descubierto por Landa, quien toma de prisionero a Raine. No obstante, Landa muestra su verdadero rostro y negocia con los aliados su rendición para evitar ser juzgado como un criminal. El desenlace de la película, es vertiginoso y explosivo. Un baño de sangre, fuego y balas que termina por resumir todo lo que fue la película.




Debido a su nominación a la Palme d'Or del festival de Cannes, así como al Oscar, mis expectativas a Inglourious Basterds (2009) de Quentin Tarantino eran muy altas. Demasiado supongo, y por ello he terminado tan decepcionado. Vamos por partes, de arranque entendía que no estaba entrando a una lectura histórica, sino a una reinterpretación, que se enfocó más hacia la parodia, el humor de la violencia copiosa y por ello, todos los personajes de la película terminan enfundados en un aire caricaturesco. Sin embargo, todo lo que podría proponer la película, en breve dos temas importantes, el discurso del cine y la revancha judía contra el nazismo, terminan difuminándose precisamente en este exceso visceral. Y no quiero decir que esto esté mal, pero termina minando toda la película, haciéndola endeble y con tramos insostenibles.

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Roth y Pitt. Totalmente desperdiciados

Uno de estos inconvenientes son los protagonistas de la película, sobre todo los Bastardos. Con ellos, no hay interés alguno de un desarrollo que brinde profundidad o al menos un tipo de característica que los haga destacarse del gran número de personajes de la película. Un amigo me decía que exageraba mi apreciación, y que Brad Pitt estaba únicamente como el comic relief del film. Y tiene razón. ¿Pero qué podemos decir de los otros personajes? ¿Cuál es el rol de Eli Roth? ¿Qué deja la actuación de Michael Fassbender? Como ellos, varios personajes entran y salen del film sin aportar nada. Y esto significa, escenas que terminan sobrando sin añadir a la historia central. Por supuesto, lo único que se aprovecha, es más tiempo para ametrallar y apuñalar nazis. Si la comparamos con Kill Bill, estas escenas de violencia no eran gratuitas, sino que permitían el crecimiento de la heroína. Pero en Bastardos, no existe este héroe.

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Waltz es lo mejor de esta película grandilocuente pero que queda a medias

Por ello no es sorpresa que el personaje que uno sí recuerde, es el de Hans Landa (Waltz). Él despierta una reacción tensa en el espectador. Por un lado, uno debe rechazarlo pues es un cazador y verdugo de hombres. Pero por otro lado, produce fascinación en la medida que es una relectura del prototipo nazi. Es un tipo educado, elegante, hasta por momentos afable. Y quizá su característica más resaltante, es que no es tan nazi. De cierta manera, está en el mismo nivel que Friedrich Herzog (Los Falsificadores) en tanto que no se cree el discurso del nazismo. Él está ahí cumpliendo un trabajo, pero en ningún momento ha sido idiotizado por la ideología. Esto sin lugar a dudas, al menos a mí, me genera empatía ya que uno puede trazar estos paralelos con esta época en la cual uno tampoco se termina de creer los discursos manteniendo una actitud cínica o de conveniencia.

Más allá de este personaje, pasando las balas, la sangre, una narrativa ligera, un vestuario excepcional y el intento de desarrollo de una reflexión desde la película, sobre el mismo cine y el poder que éste tiene en las masas (como propagada, como medio de construcción de verdades, etc.), Bastardos sin Gloria terminó muy por debajo de lo que yo esperaba.


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