domingo, 3 de julio de 2011

Braindead

Por lo general sostengo que las traducciones merman el sentido, pero si tendría que sostener una excepción, definitivamente me quedo con este caso. Braindead (1992) no dice mucho, es un título frío, casi aséptico. Todo lo contrario para la versión en español que es casi perfecta, aún cuando sea una frase de la misma película. Tu madre se ha comido a mi perro. Vamos, acaso es posible no sentirse removido por tamaña estupidez? Además que te prepara desde el saque para todas las barrabasadas que el buen Peter Jackson nos brinda de manera generosa. Y es que en mi vida he visto una película tan absurda, tan bizarra, tan gratuitamente sangrienta y tan graciosa. Sí, todo eso junto.


Hace un tiempo traté de contarle la historia a alguien que no le gustó mucho. Puede ser que mi capacidad para narrar ande en declive, pero también porque reducir en palabras lo que Jackson muestra, es quitar toda la emoción de la imagen. ¿Y qué hay acá? Bueno, es una historia de zombies, tiene un poco de película mondo, tiene un poco de romance, tiene mucho de comedia. Y tiene guiños desde George Romero hasta Hitchcock. O acaso alguien podría negar que la relación de Lionel (Timothy Balme) con su madre (Elizabeth Moody) no es un guiño hiperbólico al Norman Bates de Psicosis? No digo que sean iguales, ya que Lionel hará lo imposible por tener una relación sexual sana, en la medida de lo posible, con la guapa Paquita (Diana Peñalver).

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Lionel contra todo el mundo

Lo divertido está relacionado con el absurdo llevado al límite. Ésta es una película gore, pero es llevada hasta tal nivel de exceso sangriento y visceral, de destrucción del cuerpo, que resulta jocoso. Por ejemplo, cuando la horda de zombies amenaza a Paquita, Lionel toma una podadora y lucha contra todos, destrozándolos y formando un marea de sangre a tal punto que el mismo actor ya resbala en ella. La explotación del gore termina por perder todo rasgo de choque a la violencia gráfica y termina asentándose como un divertido exceso.



Vamos a aclarar que esta película no es para cualquiera. Debes ser recio/recia como Chuck Norris o en el mejor de los casos, ser un buen cinéfago ya que durante su hora y media, vas a estar al límite de lo tolerable. Viendo a dos zombies fornicar y tener un bebé (zombie), ver al protagonista regresar y salir del vientre de su madre en una grotesca pesadilla freudiana o al mismo tiempo ver a un sacerdote destajar a los muertos por que él “patea traseros en el nombre del Señor”. Definitivamente no es lo mismo que lo narre a que lo vean. No hay pierde con esta película.


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