martes, 12 de julio de 2011

C.S.A.: The Confederate States of America


La construcción de un nosotros nacional no es una tarea sencilla. Como tampoco la revisión a las bases sobre las cuales nuestra identidad como nación se erige. Ernest Renan decía que uno de requisitos para la constitución de la nación es el olvido. Olvidar que la formación política de un país se fundamenta en la violencia y brutalidad. Estas someten a lo diverso, a lo diferente, y permite dar un sentido de unidad mientras seamos capaces de olvidar y romantizar el proceso que nos llevó a ser lo que somos.

En este sentido se encuentra el valor de C.S.A.: The Confederate States of America (2004) de Kevin Willmott. Esta película funge como un falso documental histórico pero sobre el supuesto que los Confederados hayan ganado la Guerra Civil Americana. Bajo esta premisa, toda la historia americana es revisitada pero a partir de una visión satírica, muy ácida, que cobra mayor potencia cuando uno lo contrasta con la realidad y se percata que no es tan lejana a lo que sucede hoy en día. El cruel humor de la película, no está en lo plasmado en pantalla, sino en que eso es sólo un atisbo de lo que en verdad tenemos.


CSA
Un comercial... y regreso.


Cuando los Confederados ganan la Guerra Civil, la esclavitud se vuelve legal para todo el país. Ante la fractura social, la CSA idea la expansión hacia el sur. La conquista de Latinoamérica no solo da pie al Imperio Tropical, sino a cerrar las heridas entre los derrotados estados del norte y los victoriosos sureños bajo la idea de su superioridad ante el resto del mundo. Hacia inicios del siglo XX, los tambores de guerra suenan en Europa. Hitler visita América y si bien no recibe su apoyo militar, las similitudes ideológicas evitan que la CSA entre a la guerra. Luego de campañas militares en Corea y Vietnam, la CSA vive una era de apogeo económico aunque de aislamiento político, hacia el cual, sólo Sudáfrica mantiene su amistad. Canadá, quien había recibido el éxodo de los antiguos militares, intelectuales y negros de la Unión, ahora se mostraba como un rival. Se levanta un muro entre ambos países, llamado el “Muro de Algodón” (en referencia a la producción de algodón del sur americano) pero las ideas de abolición habían echado raíces en suelo de la CSA. Comienza una caza de cualquier sospechoso abolicionista y la Guerra Fría con Canadá. La película termina en los albores del nuevo milenio, con una CSA más fuerte que nunca pero la verdad sobre la esclavitud detonará el mayor escándalo político en la historia de la CSA.

En términos prácticos, la nación es un lugar de tensión, de lucha, de dominación de un grupo sobre otro. Como lugar de discordia y a fin de tejer la cohesión nacional, el discurso oficial de lo que somos debe matizar, y si es posible elidir, las fricciones entre los grupos antagónicos. Tomemos por ejemplo la película de Roland Emmerich, El Patriota (2000) donde un personaje blanco y uno negro que empiezan la historia con diferencias, terminan reconciliándose y felices bajo la promesa de una nación donde todos sean iguales. Bajo esta premisa, se articula la narrativa nacional pero dada su inconsistencia, una película como ésta termina haciendo implosionar el discurso oficial de igualdad. Y eso la hace insoportable.

Sin duda, la parte que más me divirtió (hasta que leí que fue verdad), fue la idea de los confederados del Imperio Tropical. La entiendo desde la doctrina del destino manifiesto, que llevaba a los estadounidenses a expandirse hacia el oeste, viendo su avance no solo como justo sino inexorable. Llevarlo eso hacia el sur, no era algo ilógico. Se trata simplemente de un refuerzo de identidad en tanto se extermina o asimila, todo lo que no es propio (o nacional). Por tanto, la creación de este imperio, se trata no solo de la conquista de un espacio físico sino simbólico, ya que permite reafirmarse a sí mismo como superior al conquistado. Lo hilarante desapareció cuando leí que este plan fue cierto. Realmente escalofriante.



Y ese punto es lo que me gusta de la película. Las propagandas que uno a simple vista las ve graciosas, como la pasta de dientes “Negrito”, y varias más, terminan su humor cuando muestran que en verdad no son una invención del film sino productos que en realidad existieron. Algo que tampoco debería sorprendernos. Hay una mención hacia la película de D. W. Griffith, El Nacimiento de una Nación (1915), que como sabemos tiene una fuerte carga racista y supremacía blanca, Klu Klux Klan incluido, frente a la debilidad con la que los negros infectan al todo nacional americano. Por ello, ahora estos nuevos fenómenos como los Tea Party, la aprobación de leyes como las de Arizona, no son más que la constante en un país que desea pensarse en términos de clausura. Es decir, que su identidad es algo cerrado (blanco y protestante), sin querer admitir que ésta se está haciendo constantemente. CSA es una muy buena película, que en claves de ironía, nos enfrente a lo relativo de lo que como sociedad uno se imagina que es.


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