jueves, 30 de junio de 2011

Das Cabinet des Dr. Caligari


Carl Mayer y el checo Hanz Janowitz son los coautores de la película alemana El Gabinete del Dr. Caligari (1920), la cual fue dirigida por Robert Wiene y es que quizá una de las mejores exponentes del expresionismo alemán y en la actualidad, una verdadera película de culto y referente para las películas de Hitchcock, los comics de Jean-Marc Lofficier y Ted McKeever o videos de Rob Zombie.

La narración nos presenta a Franz como el personaje principal, quien le cuenta una historia a un amigo acerca de una historia que le ocurrió junto a su amigo Alan y la mujer que ambos amaban, Jane. Todo ello pasó en un pueblo de Alemania donde llegó la feria y uno de los espectáculos era el del Dr. Caligari. Éste presentaba al sonámbulo Cesare, que bajo la hipnosis de Caligari, podía presumiblemente adivinar el futuro y hacer lo que éste le comandara. Sin embargo, ocurren diversos crímenes en el pueblo, relacionados a Caligari y la predicción de Cesare.

A partir de este momento, comienza a tejerse el verdadero y siniestro perfil del sonámbulo y el aún más tétrico origen del verdadero Caligari.
Lo que el espectador va descubriendo, pone en evidencia el mórbido placer que genera el absoluto poder por parte del doctor y cuando la historia pareciera llegar a un final, con tintes de denuncia hacia la figura de autoridad y el tema de tiranía - recordando que esta es una película posterior a la Primera Guerra - la película da un giro inesperado. Toda la historia estaba siendo narrada por Franz a partir de un flashback. El otro rostro del horror surge cuando el espectador enfrenta el hecho que no estamos frente a un recuerdo, sino a una fantasía.

Por supuesto, existe una razón para esto. Mayer y Janowitz efectivamente tenían la intención de "atacar" este figura autoritaria, hambrienta de poder, capaz de hipnotizar a las masas y hacerlas un arma para un benificio personal. Indudablemente esto es base para el argumento de Siegfried Kracauer para sostener que la procesión de tiranos en el cine alemán de este momento, ya iban prefigurando a Hitler. Sin embargo, la elección de Wiene de cambiar el final, de cierta manera restituye la glorificación a la autoridad, encasillando a la posición antagonista al espacio de la locura.

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Tanto es así, que resulta llamativo que todo el escenario expresionista, compuesto de líneas oblicuas, formas imposibles, un contraste furioso de blancos y negros, una lucha mortal de la luz y la oscuridad que los dos autores usaban para reconstruir la mentalidad alemana, sea en la versión de Wiene puesta al servicio de la mentalidad sicótica de Franz. Sin embargo, esto no termina de cerrar la interpretación que ahora podamos darle a la película. Evidentemente, existe algo más allá que una dialéctica entre la luz y la sombra. La oposición entre ambas radica en la misma diferencia de la vida y la muerte. Cesare es la misma oscuridad, es el mal encarnado en la sombra y hay dos pasajes extraordinarios que grafican esta idea. El primero, cuando mata a Alan. Nosotros no vemos el asesinato en sí, sino la lucha de ambas sombras. Y el segundo pasaje es cuando Cesare va a ir a matar a Jane. El camina por un pasaje oscuro, pegándose a la pared, para terminar fusionándose con la misma oscuridad. Bellísimo. Esta misma lógica se intenta aplicar a la diferencia entre la sin razón y la autoridad racional (encarnada por el doctor en la versión de Wiene) aunque yo pienso que se la puede entender al revés. Es decir, que este orden del final, con un manicomio de líneas y arcos tradicionales es la alucinación de la autoridad demente, y el caos de la feria que se ve al inicio, es la única posibilidad de libertad frente a la tiranía.

En todo caso, las interpretaciones son múltiples para una obra tan buena como ésta. Muy recomendada.





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