Existe un chiste recurrente cuando uno habla del gran Sean Bean y es llamarlo the walking dead, o la muerte que camina. Es verdad, uno puede creer que solo cuando su personaje muere –normalmente de la manera más cruel posible- puede Bean entregar esa matiz épico y trágico que pareciera ser su sello personal. Pero quedarnos en esa anécdota evita que enfoquemos no solo la real dimensión de muchas de sus performances sino también mermar la valoración que se pueda dar a las películas en las que actúa. Por ello, es importante rescatar una muy interesante película como Black Death (2010), la cual no ha tenido mayor repercusión a pesar de ser bastante buena y contar con muy buenas actuaciones. Sospecho que parte de la culpa radica en estar mal catalogada pues la encontré en una recomendación de películas de horror cuando siento que está más cercana al drama o al misterio.
jueves, 13 de diciembre de 2012
viernes, 30 de noviembre de 2012
Lo(s) peruano(s)
Hace un par de semanas, el Instituto Peruano del Deporte y la Defensoría del Pueblo, sacaron al aire un par de spots publicitarios que cuentan con la presencia del futbolista peruano Paolo Guerrero. El tema de esta publicidad es condenar el racismo que se mantiene como un lastre en nuestra sociedad hasta el punto de demostrar algunas frases y expresiones ya enraizadas en nuestro subconsciente (“negro tenías que ser”) que denota nuestra animadversión por lo diferente. Guerrero por supuesto ha recibido muy buenas críticas por su participación y uno puede albergar hasta la inocente esperanza de ser testigos de la maduración de nuestra sociedad para barrer las taras que seguimos arrastrando. Esperanza que luego choca contra el suelo al ver comerciales como el del Panetón Herbi.
Resultaría ocioso intentar analizar el racismo que sigue presente en nuestra televisión, porque es algo tan burdo y explícito, ni tampoco pienso entrar en las cínicas justificaciones que negrito o cholito son expresiones comunes que en el fondo denotan cariño. Si hay algo que estos comerciales me han dejado claro, y que es el propósito de este artículo, es pensar un poco la función ideológica de la televisión y cómo se piensa la identidad nacional. Esto es, cómo la tv (la publicidad) construye el mundo, cómo se piensa lo peruano y quién lo piensa, y a partir de hacer nuestra y propia esa fantasía buscar soportar la realidad.
Resultaría ocioso intentar analizar el racismo que sigue presente en nuestra televisión, porque es algo tan burdo y explícito, ni tampoco pienso entrar en las cínicas justificaciones que negrito o cholito son expresiones comunes que en el fondo denotan cariño. Si hay algo que estos comerciales me han dejado claro, y que es el propósito de este artículo, es pensar un poco la función ideológica de la televisión y cómo se piensa la identidad nacional. Esto es, cómo la tv (la publicidad) construye el mundo, cómo se piensa lo peruano y quién lo piensa, y a partir de hacer nuestra y propia esa fantasía buscar soportar la realidad.
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Sinister
Antes de sentarme a comentar Sinister (2012) de Scott Derrickson, quiero aclarar que de toda la gama de los subgéneros de horror, el horror sobrenatural, o lo que concierne a fantasmas y posesiones, nunca me ha gustado del todo. Quizá cuando el énfasis está más en el suspenso, para mí funciona mejor, por ello puedo rescatar a The Others, The Sixth Sense o El Orfanato. Pero cuando hablamos de horror, las encuentro poco satisfactorias e incluso me atrevería a decir, que muy frustrantes. Y esto porque este subgénero me anula cualquier posibilidad de catarsis, de encontrar un equilibrio al orden ficticio de la sociedad, en pocas palabras, de ver al asesino castigado [1].
miércoles, 24 de octubre de 2012
Ted
Hace unos años, mientras escribía mi tesis, uno de mis profesores me sugirió que al escribir debía hacer visible al enunciador, es decir yo y mi relación con el objeto que analizo. Y es cierto, no existe una posición neutra desde donde escribo ni desde donde miro cine. Así, debo decir que tengo 30 años, tengo un trabajo de morondanga, no tengo una relación estable, tengo buenos amigos y principalmente, soy feliz con mi vida. Sin embargo, viene una amiga de Alemania e increpa al grupo de amigos por tener 30 años y no tener hijos ni familia. Inmaduros, nos dice entre líneas. La pertinencia de esta micro biografía, es encontrar las razones de mi empatía hacia Ted (2012) de Seth MacFarlane, una comedia que si bien me gustó, me costó un par de días encontrar el motivo y sobre todo, el saber explicarlo.
Partamos del hecho que el cine sostiene una cultura determinada, y cultura entendida como el modo de vivir, como las prácticas sociales que regulan al sujeto dentro de la sociedad y su interacción con los otros. En breve, es la manera como el ser humano se constituye como tal. Por tanto, el cine permite dar forma a lo irreconocible, a aquellas coordenadas que regulan al sujeto dentro de su sociedad. Entonces, es válido preguntarse qué es lo que puede decir el cine sobre el amor y el sexo y qué puedo encontrar yo, teniendo en cuenta mi escaso background sobre comedias (románticas). Ted cuenta la historia de John Bennett (Mark Wahlberg), un hombre que creció junto a su oso de peluche, Ted, quien gracias a un deseo mágico cobró vida y se convirtió en su mejor amigo. No obstante, ya adulto, el vínculo entre John y Ted, causa fricciones con las responsabilidades adultas. Es decir, el trabajo y sobre todo la relación de John con Lori (Mila Kunis) quien debe soportar que su novio se comporte aún como un niño.
martes, 9 de octubre de 2012
El Páramo
La escena del horror latinoamericano es aún incipiente, si la comparamos con el descomunal aparato hollywoodense o las producciones europeas, pero no necesariamente escasa de buenos títulos. Si realizáramos un catálogo, tanto Argentina como México han sido las cabezas de lanza de un mapa de horror aún en construcción. En los últimos años, sin embargo, se han sumado producciones periféricas como La Casa Muda de Uruguay y Baby Shower de Chile, que crean la saludable ilusión de un terror emergente desde Latinoamérica. Y en ese espacio en ebullición, se adhiere Colombia con El Páramo (2011), una muy buena película de Jaime Osorio Márquez.
viernes, 28 de septiembre de 2012
Die Welle
En el libro El Tercer Reich. Una nueva historia de Michael Burleigh, se afirma que Heinrich Himmler prohibía el ateísmo entre los rangos de la SS. Himmler estaba convencido que el ateísmo era una forma de egoísmo que colocaba al individuo en el centro del universo, idea totalmente opuesta a los principios y fundamentos con los que se adoctrinaba a miembros de la SS en donde se valoraba más lo colectivo sobre lo individual. Hoy en día, el concepto de colectivo, y en ocasiones hasta la misma noción de comunidad, tienden a ser vistas como ideas coercitivas a la libertad del sujeto. Si bien es cierto que la experiencia del mundo con los terribles y criminales regímenes fascistas de principios del siglo XX, son un motivo pero no la razón única para que el sujeto se distancie de la ficción colectiva.
En todo caso, lo innegable es que actualmente somos testigos que el sujeto contemporáneo ha dejado totalmente de lado el concepto de deber-ser del individuo para la comunidad a favor de potenciar su deseo individual, de un goce hedonista por encima de metas colectivas. Nos encontramos ante una imposibilidad de creer en una comunidad homogénea y sin fisuras. Crear lo colectivo, a partir del sacrificio individual, es una noción que está por siempre perdida. Está totalmente manchada y bajo sospecha.
lunes, 3 de septiembre de 2012
Charlie & the chocolate factory
En 1971 se filma el musical Willy Wonka & the Chocolate Factory, adaptación de la novela de Roald Dahl de 1964, en donde un niño atravieza una serie de peripecias al interior de una extraña fabrica de chocolates. En 2005 Tim Burton revive la historia incorporando sus propios componentes narrativos y haciendo explicito el mensaje sociopolítico detrás de la historia de Dahl.
Charlie Bucket (Freddie Highmore), es un niño muy pobre en alguna ciudad industrial-futurista de Norteamérica, que vive muy cerca de la fábrica Wonka, un complejo fabril inmenso en donde se prepara el mejor chocolate del mundo. Si en el pasado la fábrica Wonka funcionó como una organización típica de la división del trabajo capitalista –numerosos trabajadores realizando tareas especializadas-, en la actualidad, Willy Wonka, el excentrico dueño, ha despedido a todos los empleados para evitar que puedan robar sus recetas secretas. La fabrica cierra momentáneamente hasta que un día, sin que nadie en la ciudad lo note, comienza a funcionar nuevamente. Nadie entra ni sale del recinto, pero la producción y la distribución se mantienen estables. Se comienza así, a producir mitos sobre quienes operan las maquinarias, y sobre la locura de Wonka. De pronto, millones de volantes anuncian un mensaje de Willy Wonka. Este ha decidido esconder cinco premios (boletos dorados) en cinco barras de chocolate que serán distribuidas en todo el mundo. Los cinco niños que encuentren los chocolates premiados, podrán pasar un día en compañía de sus padres (tutores) en la fábrica, guiados por el mismo Wonka.
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