miércoles, 14 de noviembre de 2012

Sinister

Antes de sentarme a comentar Sinister (2012) de Scott Derrickson, quiero aclarar que de toda la gama de los subgéneros de horror, el horror sobrenatural, o lo que concierne a fantasmas y posesiones, nunca me ha gustado del todo. Quizá cuando el énfasis está más en el suspenso, para mí funciona mejor, por ello puedo rescatar a The Others, The Sixth Sense o El Orfanato. Pero cuando hablamos de horror, las encuentro poco satisfactorias e incluso me atrevería a decir, que muy frustrantes. Y esto porque este subgénero me anula cualquier posibilidad de catarsis, de encontrar un equilibrio al orden ficticio de la sociedad, en pocas palabras, de ver al asesino castigado [1].


En el resto de variantes del horror, como los slashers, las series de venganza, los monstruos, etc., aquel ser que aterroriza llega a ser eliminado claro está, hasta que llegue la inevitable secuela, y que el espectador con la muerte del villano a manos de la víctima logre el placer de ver restituido el orden (el bueno gana y el malo muere) y el pretexto por haber disfrutado de ello. Es decir, en el cine de horror, el sufrimiento es un paso previo para la transformación de la víctima a héroe, una suerte de purificación de su personalidad hasta conseguir que su supervivencia sea un testimonio de la perfección de la naturaleza humana. No obstante, con los fantasmas, lo único que nos depara es muerte, la condena por haber intentado lidiar con lo inasible, con un fenómeno que escapa de los límites del conocimiento humano.


A pesar que el final de estas películas casi siempre nos deja con las manos vacías, vemos que en los últimos años, títulos como Drag Me to Hell (2009), Insidious (2010), Grave Encounters (2011) o la saga de Paranormal Activity brindan a esta variante del horror una salud envidiable. Y a esta lista se suma Sinister, que narra la historia de Ellison Oswalt (Ethan Hawke), un escritor de crímenes basado en historias reales. Para escribir su nuevo libro, se muda a la casa en donde una familia fue asesinada y la hija menor supuestamente secuestrada. Mientras ahonda en su investigación, descubre en películas "snuff" de 8mm, trazos de crímenes relacionados al que originalmente investiga, y encuentra que lo común en todos ellos es un asesino en serie con rasgos paranormales. Mientras Oswalt trata de seguir investigando para desentrañar la verdad, la peligrosa naturaleza sobrenatural de este asesino se cierne sobre su familia. Cuando se percata de la futilidad de sus intentos por encontrar una verdad, quema toda evidencia y huye con su familia, pero ya había caído en la trampa y del sagaz investigador no queda más que una cifra más en la serie de asesinatos.

Por qué ver estas películas. Si el instinto básico del ser humano es la supervivencia y huir del peligro, uno bien puede preguntarse qué lleva a la estupidez de los protagonistas por seguir entrando a la boca del lobo. Cuando el peligro está en nuestras narices, cuál es la lógica de seguir escarbando para encontrar nuestra muerte. Por supuesto, uno puede alegar que esto es ficción y quedarse con esa respuesta tan liviana. Pero si intentamos pensar un poco más que hay detrás de esta búsqueda de muerte, encontraremos algunas rasgos comunes que puedan apuntar a una interpretación. Ellison Oswalt despierta en medio de la noche, va hacia el jardín en donde la familia anterior había sido asesinada al ser colgada de un árbol. La noche es gélida, el camina hacia el árbol. Ve un rottweiler gigante, negro, que le muestra los colmillos. Ellison se acerca. A su espalda, y sin que él se percate, aparecen los fantasmas de los niños que habían sido supuestamente secuestrados por el asesino. Ellison siente algo. Regresa a la casa casi despavorido. Tracy (Juliet Rylance), su esposa, descubre que están en la casa donde hubo un asesinato y lógicamente le dice que deben marcharse. Pero Ellison se niega pues necesita descubrir qué ocurrió realmente, su investigación aún no concluye. ¿Por qué luego que siente el mal en el aire, intenta tercamente seguir buscando una respuesta? Evidentemente hay un mecanismo muy usado dentro del horror y es la oposición de géneros relacionados al acercamiento humano hacia el mundo. Es decir, por un lado tenemos la racionalidad (masculina) o el saber del hombre. El saber por lo general se piensa a sí mismo como completo, como capaz de entender el mundo a partir de la experiencia y confiado en todo su bagaje cultural. No obstante, si de algo estamos seguros, es que el saber es incompleto y el cine (estamos hablando de horror, pero también puede verse esto en películas de catástrofes) goza en sacarnos esto en cara. La racionalidad nos pone en peligro, pues el hombre terca y tontamente trata de pensar aquello que no entra en el registro de la lógica: la maldad. El mal no se comprende. No se piensa. Se evita.

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La necesidad de razonar lo que escapa al sentido

Por otro lado, está la sensibilidad (femenina) que tiende a descomponer la razón, apunta a otro lado, hacia aquello oculto y desconocido. En oposición a su esposo, Tracy no necesita pruebas y razonamiento para saber con qué se están enfrentando. Veamos otro ejemplo, en Antichrist, el hombre se pone del lado de la razón, de la palabra que terminará siendo estéril. La mujer, es su reverso, es la naturaleza inasible y caótica. En Funny Games, el esposo trata neciamente de razonar con los asesinos, la esposa no necesita más que verlos para saber que deben evitarlos. Entonces, la regla general apunta a que la racionalidad debe concluirse como insuficiente, como impotente frente a lo inconmensurable, a lo oculto, a la sexualidad femenina, a la maldad que está al acecho.

El género de horror nos permite enfrentarnos al mal cotidiano, resemantizado en eventos o criaturas desconocidas, tanto externas como internas, ergo, el mal inherente a lo humano. Por ello, no sorprende que el escenario de estas historias evite los futuros distópicos u otros escenarios propios de la ciencia ficción y aterrice mas bien en espacios cotidianos, con preferencia, los suburbios y casas de clase media. Pero sin un asesino tangible al que podamos eliminar y volvernos héroe y con la muerte como fin inevitable ¿qué sacamos del horror sobrenatural? Sinister no es la mejor película que trate sobre este tema, pero tiene los suficientes méritos para permitirnos esbozar una respuesta. ¿Qué es lo que nos da, a cambio de la muerte? Quizá en que el género sobrenatural trata de ponernos frente a lo Real: el fantasma es aquello que escapa de la reducción del discurso del saber y la ciencia. Aquello no cognoscible que es una brecha de la percepción, pone a prueba nuestro raciocinio. Por tanto, el miedo al fantasma también es el pavor a que el conocimiento humano sea insuficiente para protegernos de todo lo que está fuera, en el desierto de lo real.

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Por algún motivo, que el fantasma parezca integrante de Slipknot le quita fuerza.

[1] Sobre la catarsis, “The Horror Film and Psychoanalysis - Freud's Worst Nightmares” pg. 45.

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