miércoles, 24 de octubre de 2012

Ted

Hace unos años, mientras escribía mi tesis, uno de mis profesores me sugirió que al escribir debía hacer visible al enunciador, es decir yo y mi relación con el objeto que analizo. Y es cierto, no existe una posición neutra desde donde escribo ni desde donde miro cine. Así, debo decir que tengo 30 años, tengo un trabajo de morondanga, no tengo una relación estable, tengo buenos amigos y principalmente, soy feliz con mi vida. Sin embargo, viene una amiga de Alemania e increpa al grupo de amigos por tener 30 años y no tener hijos ni familia. Inmaduros, nos dice entre líneas. La pertinencia de esta micro biografía, es encontrar las razones de mi empatía hacia Ted (2012) de Seth MacFarlane, una comedia que si bien me gustó, me costó un par de días encontrar el motivo y sobre todo, el saber explicarlo.

Partamos del hecho que el cine sostiene una cultura determinada, y cultura entendida como el modo de vivir, como las prácticas sociales que regulan al sujeto dentro de la sociedad y su interacción con los otros. En breve, es la manera como el ser humano se constituye como tal. Por tanto, el cine permite dar forma a lo irreconocible, a aquellas coordenadas que regulan al sujeto dentro de su sociedad. Entonces, es válido preguntarse qué es lo que puede decir el cine sobre el amor y el sexo y qué puedo encontrar yo, teniendo en cuenta mi escaso background sobre comedias (románticas). Ted cuenta la historia de John Bennett (Mark Wahlberg), un hombre que creció junto a su oso de peluche, Ted, quien gracias a un deseo mágico cobró vida y se convirtió en su mejor amigo. No obstante, ya adulto, el vínculo entre John y Ted, causa fricciones con las responsabilidades adultas. Es decir, el trabajo y sobre todo la relación de John con Lori (Mila Kunis) quien debe soportar que su novio se comporte aún como un niño.


El éxito de este tipo de películas radica en que crea o apunta a un espectador no pasivo. En otras palabras, que se encuentre involucrado libidinalmente con lo que ve. Y para un hombre –o mujer- de ese rango de edad es sencillo relacionarse con estas historias. Pero antes de continuar este punto, haré una salvedad. Cuando hablo de comedias románticas, quiero también diferenciar en aquellas narradas desde un punto de vista femenino (chick flicks) y las que parecieran venir de un punto de vista masculino. Aquí voy a colocar a Ted, y añadiría a Shaun of the Dead pues tienen una estructura similar que explicaré a continuación.

Ted lidia con un tema básico para el hombre contemporáneo, citando a Zygmunt Bauman, que es enfrentar “los placeres de la unión con los horrores del encierro”. Tema que en realidad es común en estas comedias, pero lo que la hace destacar es la manera cómo se nos enseña a ser hombres y la resistencia a ese proceso. John encuentra en Lori a la mujer perfecta. Es bellísima, es económicamente solvente, soporta y quizá hasta disfruta las particularidades del niño-hombre (sus juegos, sus vicios, etc.). Sin embargo, el niño-hombre no representa una idea sólida para el proyecto a futuro. Y allí está la dificultad de la pareja. La mujer, construye para mañana. El hombre, disfruta hoy. Cuando Lori está en su oficina, sus amigas le reprenden por su elección, pues John siempre será un inmaduro, no toma en serio su trabajo, se droga con Ted, en resumen, viven relajados. Lori, no obstante, confía en él y que tomará conciencia de su situación.

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Ted, literalmente, está en medio de la relación

Lo que Lori quiere decirles a sus amigas, es que John, para ser hombre deberá dejar atrás ciertos goces. Ergo, para la inscripción en el orden simbólico, debe darse la separación del niño-hombre y sacarlo al resto del mundo. Lo cual parece sencillo, pues aquí se materializa muy bien aquello que imposibilita al hombre esa salida. Ted, el peluche, es esa resistencia del hombre a perder ese estado idílico. Ser hombre, estar en lo social, implica perder algo. Shaun of the Dead tiene exactamente la misma estructura. Shaun ama a Liz, pero Liz corta la relación pues su novio es un inmaduro que solo se divierte con su amigo Ed. De tal manera, Ted como Ed, además del nombre, tienen una función similar en la vida de sus mejores amigos. Ambos fungen como la figura del hombre excepcional. Casi, como si fueran la encarnación del padre de la horda freudiano, aquel que no necesita castrarse (perder nada) para poder gozar.

De tal modo, la comedia nos dice que el hombre debe ser consciente de su necesidad de madurar, de cortar aquellos vínculos que lo hacen niño gozador para convertirse en un hombre socialmente responsable y aceptado. Si se desea, la comedia se vuelve una película de aprendizaje. Por ello, es necesario notar que en estas películas no existe el desamor, es decir, que él no ame lo femenino de ella. Ese nunca fue el problema, la dificultad para la relación radica en la imposibilidad del amor. En otras palabras que él la ama, pero no sabe cómo hacerlo. Recordemos la escena de la fiesta de trabajo de Lori. John ya ha tenido varias faltas y esta es su última oportunidad para hacer feliz a su chica. En plena fiesta, Ted lo llama para decirle que Flash Gordon (Sam J. Jones) su ídolo de la infancia está en la fiesta que organizó. John no desea ir porque ama a Lori, pero termina por sucumbir al llamado de Ted porque no sabe cómo renunciar al goce. Entonces, si la comedia es una novela de enseñanza, lo que nos dice es no solo cómo aprender a amar a la mujer, sino cómo renunciar y hacernos hombres.


En conclusión, si bien con las comedias románticas se puede seguir hablando de una suerte de restauración neoconservadora del orden tradicional, quizá haya que rescatarse el esbozo de características únicas en el punto de vista masculino. Las comedias románticas contemporáneas desde el punto de vista femenino, aunque también inciden en los obstáculos amorosos, por lo general se centran más en la necesidad de la mujer por ser sujeto. Es decir, volverse una excepción que rompa la secuencialidad del saber masculino. Mientras que el hombre es retratado en estas películas no solo como aquel iluso que cree tener un saber infalible, sino que luchará hasta lo último para aferrarse a él y no aceptar su completa incapacidad ante lo inasible femenino pero tampoco para tener que lidiar con el amor que lo hiere (Hitch, The Ugly Truth). No es gratuito, que desde esta perspectiva, el hombre sea visto como el sexo débil detrás de una armadura fálica.

Pero estas comedias románticas, desde un punto de vista masculino, no tienen ningún reparo en aceptar que el hombre del amor no sabe nada excepto que ama. Y para conservar a la mujer, con dolor (como cualquier castración) pero cederá y renunciará a su primer estado idílico. Es tal la gesta heroica del hombre, que si John se enfrenta a los secuestradores de Ted para ver a su amigo morir, Shaun ve morir a Ed mientras salva a Liz de la horda de zombies. Claro, no todo el hombre cede. Un resquicio masculino debe salvarse. Ed convertido en zombie sigue siendo el compañero de Shaun para jugar playstation, y Ted es “resucitado” por un deseo de Lori. Eso es más que un happy ending, es una necesidad lógica para la feliz renuncia masculina. Y es que cómo podríamos aceptar que todo hombre esté castrado, si no tenemos la fantasía que existe uno que no lo esté y siga gozando por todos nosotros.

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Furry Alpha Male


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