jueves, 13 de diciembre de 2012

Black Death

Existe un chiste recurrente cuando uno habla del gran Sean Bean y es llamarlo the walking dead, o la muerte que camina. Es verdad, uno puede creer que solo cuando su personaje muere –normalmente de la manera más cruel posible- puede Bean entregar esa matiz épico y trágico que pareciera ser su sello personal. Pero quedarnos en esa anécdota evita que enfoquemos no solo la real dimensión de muchas de sus performances sino también mermar la valoración que se pueda dar a las películas en las que actúa. Por ello, es importante rescatar una muy interesante película como Black Death (2010), la cual no ha tenido mayor repercusión a pesar de ser bastante buena y contar con muy buenas actuaciones. Sospecho que parte de la culpa radica en estar mal catalogada pues la encontré en una recomendación de películas de horror cuando siento que está más cercana al drama o al misterio.


Dirigida por el británico Christopher Smith, Black Death nos lleva a una Inglaterra medieval que está siendo asolado por la peste bubónica. A las puertas de la muerte, el mundo está lleno de miedo, supersticiones y un Dios vengativo. El fraile Osmund (fantástica actuación de Eddie Redmayne) deja a Averill, la mujer que ama, para alejarla de la peste. Las dudas acerca del motivo de este azote lo embargan y ante el pedido por una respuesta de Dios, al convento llega Ulric (Sean Bean) y su banda de mercenarios. Ulric fue enviado por el arzobispo para encargarse de una villa supuestamente libre de la peste y que la Iglesia Católica sospecha está siendo liderada por una nigromante. La posibilidad de una salvación fuera de Dios sólo terminaría por erosionar el poder de la Iglesia. Así, Ulric y su grupo que cuenta ahora con Osmund como guía se enfrentan a estos supuestos paganos que rinden pleitesía a su “sacerdotisa” Langiva (magistral Carice van Houten). Lo que resalta en la película de Smith es precisamente esta confrontación. Dos posiciones radicales opuestas que tratan de explicar el mundo y la evanescencia humana. Y la muerte en este contexto permite horadar la verdad de ambos extremos. La peste y la descomposición del cuerpo solo nos devuelve el rostro más amargo no solo del delirio religioso sino de cualquier tipo de fanatismo.



Aunque a priori uno se sienta tentado a ver en la película de Smith una abierta crítica al cristianismo, la película va más allá de debatir la vacuidad de la fe y enfrascarnos en el facilismo de la lucha entre un bien y un mal. Precisamente, la muerte nos lleva a concluir que los absolutos ya no existen y la verdad del mundo es relativa. Y con la verdad, me refiero a un centro que pueda definir todo. En el caso de Black Death, Dios y el hombre se erigen como dos verdades que tratan de explicar el mundo que no solo marginan sino que se muestran hostil a cualquier otra posibilidad de pensamiento. Sin embargo, la búsqueda de un sentido y construcción de una verdad inevitablemente deja algo fuera. Ese algo que regresa y desarticula el lugar desde donde se construye la realidad. La muerte no habla, sino que se la hace hablar. Sobre la superficie del film, la peste se debate entre ser un castigo de Dios o un azote del diablo, mientras entre los intersticios de ambos bandos, la ratas se mueven entre ellos. La muerte, en forma de rata, es un brochazo irónico que Smith aprovecha para cuestionar todo y mostrar la artificialidad de ambas posiciones.

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Ulric

De tal modo, la muerte negra no descompone el cuerpo humano, sino la "verdad", el discurso con el que este intenta darle sentido al mundo. Al mismo tiempo, es pertinente resaltar la atención que pone el film a todo aquello que se opone al pensamiento único. Ulric es el puño de la Iglesia, cerrado hacia la diferencia o a cualquier cuestionamiento al centro, rol que al final lo mantendrá un descorazonado y vengativo Osmund. Ese cuestionamiento tiene género y es femenino. No está fuera de lugar afirmar que la mujer descompone al hombre. Fractura la verdad de la Iglesia y por ende, del patriarcado. El empoderamiento que refleja Langiva hace estallar el mundo. Osmund no sabe cómo reaccionar frente a ella, se encuentra seducido, pero muere de miedo de aceptar que todo en lo que cree ha sido una fantasía. Ulric y su grupo la odian a muerte. Y esto resulta lógico ya que ella está corporizando la pérdida de autoridad de un discurso único.

La emergencia femenina no puede ser reducida (sometida a la racionalidad religiosa) y por ello tiene que ser eliminada. Con las espadas y hogueras, el patriarcado se defiende de lo que no entiende y que lo ha exteriorizado en ella: la bruja. El quemar y torturar a las brujas responde a la forma final de dominar a las mujeres que se salían del orden social, de dominio masculino. No sorprende que la comunidad de Langiva se encuentre en la periferia del mundo (del hombre y su iglesia). Alejada de ellos, Langiva da vida en un mundo de muerte, tachada por ello de nigromante, cuando en realidad solo era más limpia que el hacinado pueblo. Y con eso finalmente Smith hace a su crítica plural. Si ya la posición religiosa fanática ha sido denostada, la opuesta tampoco queda incólume. Langiva hacia el final confiesa las argucias con las que sustentaba su poder y por ende, la fidelidad ciega de su villa. La peste (curiosa vuelta de tuerca pues ahora es Ulric quien se la devuelve) nos trae el colapso de ambos centros. Tanto la “magia” como la verdad de la Iglesia, se muestran como discursos incompletos, excluyentes, intolerantes e insuficientes para explicar el mundo.

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Langiva y otra forma de ser, más allá de la Iglesia
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El silencio femenino

Black Death es una gran película que pierde potencia al ser encorsetada solo como una más de horror. De ser así, dejamos de ver dos ejes que me parece son fundamentales y nos dicen mucho sobre nuestro propio tiempo. Por un lado, aunque esté ambientado en la Edad Media, resulta admirable que el film hable tan bien sobre el hombre y el mundo postmoderno. Uno donde se desconfía de los centros, de los universales y las verdades absolutas. Por otro lado, es necesario prestar atención a la dimensión política. La “verdad” debe ser entendida como un relato hegemónico que deja fuera lo que no encaja. La posición patriarcal de la Iglesia, deja así fuera a la mujer. Esto se ve en la película cuando rechazada, a la villa de Langiva va a refugiarse Averill. Teniendo en cuenta que esta no puede ser eliminada del todo, la coexistencia está atravesada por relaciones de poder y dominio. La existencia humana es un conflicto, es una  tensión entre lo hegemónico y lo subalterno que precisamente viene a cuestionar el ideal estático de la “verdad”. Lo político es el reconocimiento del antagonismo inherente de nuestra condición humana, reconocer que no existe un único saber ni un solo modo de existir. Mientras en el film, el destino de Osmund nos indica que esa opción es imposible, ya como espectadores podríamos aprender que la irrupción de la diferencia no debe volverse una jerarquía sino que  debería permitir la perpetua negociación de lo distinto.

Black Death (2010) on IMDb
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