lunes, 8 de agosto de 2011

The Happening


En ocasiones una película es destruida por diversas razones. Los críticos se ponen muy exquisitos, el público común y silvestre no entiende la obra de arte que tiene frente a sus ojos, quizá es muy adelantada a su época y su éxito vendrá en las décadas siguientes, y así, mil variables más. Pero lo que hizo M. Night Shyamalan (Unbreakable, Signs, The Last Airbender) con The Happening (2009) es algo que rompe cualquier variable y hasta me fuerza a pensar en una especie de autosabotaje… o quizá al señor Shyamalan le cae muy mal el público y sobre todo Mark Wahlberg.


La verdad sea dicha, The Happening tiene un inicio fenomenal y maneja en los primeros momentos una trama bastante interesante y construye una atmósfera de suspenso y miedo muy buena, bajo la premisa de un film de desastre natural con ribetes apocalípticos. Como en algún momento señalé, no hay mejor enemigo y más efectivo para causar pavor que uno al que no puedas ver. En este caso, se trata de una neurotoxina que lleva a los seres humanos a atentar contra su vida. Suicidios en masa de las maneras más grotescas imaginables llevando a los protagonistas y al espectador por ende, a una sensación de inseguridad y miedo de no saber en qué momento serán los siguientes en matarse. Pero cuando la histeria está en el punto de ebullición, la trama gira hacia explicaciones sin sentido, personajes chatos, frases clichés además de ridículas y la pésima actuación de Wahlberg y Zooey Deschanel. Lo curioso es que por otros trabajos que han realizado, uno sabe que no son malos, pero aquí parece que se esforzaran por hacer su performance terrible. Y por consiguiente, anula cualquier densidad que Shyamalan haya buscado de drama humano.

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La cara de Wahlberg lo dice todo.


Seamos honestos, que las plantas tengan responsabilidad de la muerte de los seres humanos, como una venganza de la madre naturaleza es uno de los argumentos más pobres que se le pueda ocurrir a un director. Pero dándole el beneficio de la duda a la película, tomemos todo ello como una metáfora del mal que el propio ser humano exuda. Y esto no es forzar el texto, sino que la misma película pareciera plantear cuando se habla de experimentos del gobierno, plantas nucleares, etc. Es más, la violencia y miedo del hombre por un momento apuntaría a ser la clave. Por ejemplo, me gustó la escena cuando tratan de entrar a una cabaña a alimentar a la niña y los habitantes que estaban dentro empiezan a matar al grupo por el miedo a ser contagiados. No obstante, todo se cae cuando vemos al personaje hablar con una planta de plástico pidiéndole perdón.

Para no ser muy redundante con los otros puntos, me detengo en el último día del “suceso”. La pareja ha llegado a una cabaña habitada por una mujer apartada de la sociedad. Pueden tomar cualquier diálogo, cualquier escena, el momento que sea y es lo que no debe hacerse en el cine. Hay gestos y palabras que están puestas solo por estar y no encajan con el resto del film. Cuando la mujer vieja le dice a Wahlberg si ha venido a robarle y él niega todo de manera tan histriónica, parecía que estábamos en una comedia y no en un thriller.



Existen dos posibilidades para concluir con este film. La primera es que M. Night Shyamalan sea un visionario y ante nuestra compulsiva necesidad de razones científicas detrás de cada hecho nos está jugando una broma cruel, o que el film era potencialmente tan bueno y con un inicio con una fuerza memorable que finalmente se le salió de las manos a él y luego a los actores. Personalmente recomiendo verla por los primeros minutos llenos de angustia y brutalidad (los suicidios son estremecedores), la propuesta de terror a la amenaza invisible (claro síndrome post 9-11) y cuando uno siente que ya se está poniendo absurda, mejor apagarla e inventarse un final propio.


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