lunes, 12 de septiembre de 2011

Die Brücke


De todos los films que he visto sobre la Segunda Guerra, uno de mis favoritos es La Caída (2004) cuya fuerza radicaba en mostrar el horror del delirio colectivo de la ideología nazi, pero manteniendo una distancia entre quienes dirigen y un pueblo alemán apolítico y víctima. Algo muy similar a lo que ocurre en Anonyma (2008). Sin embargo, esta es una mirada a 60 años de la guerra. El Puente (1959) de Bernhard Wicki forma parte de una serie de films alemanes casi inmediatos a la caída del nazismo que se pone a reflexionar sobre esta época. No obstante esta película no piensa sobre la guerra en sí, sino sobre la sociedad alemana y el individuo. La duda que asalta estos films de posguerra y sobre todo a El Puente, es la certeza que la ideología es una insania pero el sujeto no puede pensarse traicionando a la patria. En una situación de estar entre la espada y la pared, donde el heroísmo llega a ser tan absurdo como la misma supervivencia.


En la última etapa de la guerra, Alemania está al borde de la derrota. En un pueblo, un grupo de muchachos ansían fervientemente ser llamados por el ejército a pesar de las reticencias de sus padres y el profesor de ellos. Irremediablemente, el llamado llega y los chicos son incorporados al ejército pero un día después de su alistamiento deben salir ya al frente con casi nula preparación. El comandante consciente que los muchachos serían masacrados en combate, los deja a defender el puente del pueblo, un objetivo bastante inútil donde no correrían peligro de muerte. Pero la guerra en Alemania es total y una división norteamericana llega al puente donde es defendida a muerte por los chicos. Habría que aclarar que El Puente no es una película bélica. Todo lo contrario, su mensaje antibélico es clarísimo al revisar su visión de la futilidad de la guerra y sus múltiples denuncias al fanatismo nazi, a su maquinaria propagandística y la alienación del sujeto en un mundo donde los ideales son puestos en cuestión.

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La muerte de la inocencia

A tal punto, que el profesor se pregunta cómo puede seguir creyendo en ideales como el fúhrer, el pueblo y la patria en un mundo como ese y en qué se debe creer luego que la guerra acabe. Precisamente esa es la idea que plantea el film, qué estaban siendo y qué podrían ser. Lo primero lo trabaja muy bien y lo segundo lo deja en suspenso como una pregunta para la cual no se tiene respuesta, cuando el film muestra al único sobreviviente que camina llorando sobre el puente. Una imagen tan cruda como la muerte de Sigi, el más joven de los chicos. En una de las escenas más impactantes de la película, los jóvenes soldados habían sido advertidos que debían huir y dejar de proteger el puente, pero todos deciden quedarse a cumplir su orden y allí son atacados por un avión americano que acribilla a Sigi. Luego, el grupo es atacado por la infantería y tanques americanos. Estos disparan y bombardean el cuerpo inerte de Sigi que estaba tirado sobre el puente, como metáfora de lo irracional que es seguir defendiendo lo que ya estaba muerto.

La crudeza de este film no tiene nada que envidiarle a películas contemporáneas. Es más, ni la vorágine de Saving Private Ryan podría compararse a la tensión en la llegada de los tanques americanos en el puente. Por unos minutos que parecen una eternidad, el ruido del motor de los tanques que van acercándose, como la llegada inexorable de la muerte crean una escena de suspenso increíble, donde el miedo de los protagonistas prácticamente sale de la pantalla. Pero si el anticipo a la batalla no hubiera sido suficientemente duro de soportar, el desenlace termina por acabar con toda esperanza, mientras acompañamos el imposible sueño de ir a casa y las lágrimas desgarradoras de los niños en uniformes de hombres que ya no existían para vestirlos.



Finalmente, lo que nos dice la película es que el heroísmo y todo el esfuerzo será inútil. La lucha a muerte por defender el puente para verlo caer a manos de su propio ejército es tan absurda como la propia guerra que marca una época donde la vida es fútil y la muerte en vano. Idea que se sintetiza con la frase que cierra el film: “Este hecho fue tan insignificante que ni fue mencionado en ningún comunicado oficial”. Cuando la guerra acaba, los soldados regresan a sus casas a tratar de salvar lo que queda de sus vidas, pero en este caso, quienes sobrevivan no podrán hacerlo pues la batalla del puente destruyó todo lo que era su hogar. Como una imagen imperecedera que los chicos lo han perdido todo. Su inocencia, su hogar, sus amigos, familia, su propia vida y todo por nada.


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