lunes, 5 de marzo de 2012

The Debt

Semanas atrás, leía en un libro una frase que me quedó en la mente dando vueltas, “casi todos los hombres prefieren negar la verdad antes que enfrentarse a ella”. En apariencia, era una frase inocua pero cuando vi The Debt (2010) de John Madden, me pareció que esta caía como anillo al dedo y comprendí cuánta fuerza podía tener aquella sentencia y cuan arbitrario puede llegar a ser el concepto de Verdad, erigido sobre una fantasía y no sobre hechos reales y el peligro o liberación del sujeto al desafiarla.

Presentando dos líneas temporales, un presente en Israel de 1997 y un pasado en Alemania Oriental en 1965, The Debt se basa en la historia de tres agentes de la Mossad, Rachel Singer (Helen Mirren/Jessica Chastain), Stefan Gold (Tom Wilkinson/Marton Csokas) y David Peretz (Ciarán Hinds/Sam Worthington) idolatrados en su país por haber dado con el paradero de un criminal nazi en Berlín. Y aunque el plan de la Mossad era que el trío llevara a este nazi a Jerusalén para ser juzgado, por un error en el plan, Rachel debió asesinarlo aunque de todas maneras fueron considerados héroes nacionales. No obstante, mientras la historia se desarrolla, la historia oficial del trío da un giro inesperado descubriéndose que el nazi que debieron capturar sigue vivo en Ucrania y estos agentes mintieron para no perjudicar a su país. Ante la posibilidad que Israel vea caer una “verdad” sobre la que había construido su orgullo e identidad, Rachel debe regresar a cumplir su misión o ver cómo su mundo se derrumba por completo.



Uno de los puntos más interesantes que plantea la película, es el poder del discurso. En efecto, nosotros no podemos tener acceso a aquello que llamamos la realidad. Solo podemos aproximarnos a esta a través de un discurso. Y con la idea de discurso, me refiero a líneas o tramas (identidad, nación, sujeto, etc.) sobre las cuales se teje una Verdad. En la película de Madden, este concepto es fundamental pues toda la idea de Israel como nación y sociedad va de la mano del concepto de justicia como sostén de su historia nacional. Y lo que Madden muestra es precisamente la arbitrariedad de esta, de la mentira de la Historia. Es decir, que la Historia no es más que literatura, un texto construido para un motivo y que el origen de los relatos nacionales casi siempre parte de ocultamientos. De manera superficial, si nos ponemos a pensar en este motivo, lo primero que viene a la mente es la necesidad del sujeto de reconocerse dentro de un colectivo y de verse a sí mismo a partir de una oposición. En otras palabras, yo soy A porque no soy B, yo soy justo porque no soy un asesino. Yo, a diferencia del nazi criminal, creo en la justicia. Aunque personalmente me suena a un oxímoron teniendo a la Mossad involucrada, pero eso es harina de otro costal. El hecho sigue siendo la necesidad de sostener esta fantasía nacional, sobre la que se erigen los valores éticos de la sociedad.

Precisamente, la muerte de David Peretz fue una manera muy acertada de graficar cómo se puede erosionar, por la fragilidad intrínseca del discurso, ese lugar desde donde se sostiene y fundamenta la Verdad. Peretz consciente que todo es una mentira, prefiere la muerte a enfrentar el vacío. Toda la película, él trata de justificarse que debían hacer lo correcto, es decir confesar su mentira. Pero al final, con su suicidio sí llega a hacer lo correcto, aunque esto suene algo gris, pero es el sacrificio de cargar todo el peso que conlleva el relato de la nación. Pienso que la acción de Rachel Singer, por el contrario, es quizá más polémica. Sí, mata al nazi y devela la mentira, pero a qué precio. Cuando el sujeto se disuelva, ella ya no estará viva para la crisis de identidad y la implosión de la nación.

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Y saliendo de la mirada crítica, debo admitir que para mi sorpresa, esta es la mejor película que he visto de Sam Worthington, con quien luego de Clash of the Titans había perdido la fe. Con quienes no hubo sorpresa, pero porque casi siempre tienen una performance superlativa, es con Tom Wilkinson y Helen Mirren. Aún sin haber visto la original israelí, esta versión de The Debt es un buen thriller que por historia y por la calidad de sus actuaciones merece la pena.


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