miércoles, 20 de agosto de 2014

Los últimos días

Estamos acostumbrados al Armagedón, al menos desde la visión hollywoodense y la espectacularidad del fin de los tiempos. La destrucción del mundo por la amenaza de nuestro desarrollo tecnológico e industrial, por cuestiones ambientales, desastres naturales, aliens, zombies y un largo etcétera. Entender esta fascinación por la muerte y el fin de la civilización, nos tiene que llevar al reverso de este proceso, es decir cual fénix, ver renacer a nuestra especie de las cenizas. Como sostiene Juan Carlos Ubilluz, "este género se nutre del espíritu de revancha del espectador contra un sistema social que considera injusto, pero, a la vez, de su deseo de superar sus contradicciones" (1).


En breves palabras, nosotros vemos estas películas no solo para disfrutar el espectáculo del fin, sino (y sobre todo) para disfrutar de la destrucción de una civilización que nos ha fallado. Es común ver morir a capitalistas y políticos inútiles. Y sin embargo, a pesar de este goce de ver desaparecer lo decadente de nuestra civilización, en el fondo la anhelamos de nuevo pero ya limpia de estos parásitos que la infectaban. El fin, no es tanto un fin, sino un reinicio.

Los hermanos Álex y David Pastor traen con Los últimos días (2013) un acercamiento a este tema desde la perspectiva europea. Si bien es cierto que en el fondo no es radicalmente opuesto a las fórmulas usadas por el cine norteamericano, tiene ciertos rasgos que le dan autonomía frente al resto de propuestas respecto al fin. No sería por tanto justo denostarla por falta de originalidad, hasta podríamos acercarla a Ensayo sobre la Ceguera si quisiéramos, pero más productivo resulta encontrar qué hacen los Pastor por darle algo nuevo a una historia ya conocida. El film se centra en Marc (Quim Gutiérrez), un asalariado de clase media que está al borde de echar a perder su relación con su novia embaraza Julia (Marta Etura) y a punto de ser despedido por Enrique (José Coronado), un profesional experto en liquidar al personal ineficiente. Y Marc es ineficiente en casi todos los niveles posibles. Sin poder calificarlo como egocéntrico o narcisista, tiene un fuerte individualismo y descreído en la vida a futuro. Esta apatía y reticencia a formar una familia, lo va separando de Julia. Una desidia que se sostiene en el marcado desinterés hacia sus vecinos. Por ejemplo, uno de ellos, sobre quien Marc sospecha de estar mal o enfermo, pues durante semanas parece vivir a oscuras y recluido en su departamento, es una de las primeras personas en caer en el pánico. Marc al encontrarse con él, descubre que ni siquiera conocía el nombre del infeliz a pesar de vivir tan cerca. Así, es palpable la incapacidad de Marc por sentir empatía hacia otro, y el personaje de Enrique funciona como un reverso de esta deshumanización corporativa. Él sirve exclusivamente para depurar a la compañía del peso muerto. Elimina, o deja sin trabajo si queremos usar eufemismos, a quien resulte obsoleto sin tener en consideración la persona detrás del nombre.


Y en este escenario, donde vecinos no conocen sus nombres, donde existen compañeros de trabajo con los que te cruzas todos los días y, a pesar de ello, con quien nunca hablas, y donde el ejecutivo solo aparece para despedirlos, es cuando llega “El Pánico”. Este es un fenómeno que va infectando a la sociedad, una suerte de yuxtaposición entre la agorafobia y la fengobobia, o un pavor al espacio externo y a la luz solar. Esto termina recluyendo al mundo dentro de los edificios como prisiones construidas por la propia sociedad. Es clara la intención del film de hablar a partir de este pánico como un síntoma de nuestro propio miedo a interactuar con otros que degenera en la indiferencia y el ostracismo. Este es la realidad de Marc, y por ende la nuestra, donde vivimos en un mundo en el que simplemente ya no creemos capaz de darnos un futuro. Y en un escenario así, Marc siente la desazón de no querer traer a otra persona más a la vida. Por supuesto, dónde deja eso su relación con Julia. Aquí se abre la segunda parte de la interpretación.

En las películas americanas del fin del mundo, la figura paterna desacreditada debe luchar contra el planeta entero para recuperar su sitial como eje familiar. Es decir, este progenitor fracasado y/o irresponsable debe reaprender los códigos y volver a ser el pater familias que es la base social y del mundo. A partir de su restauración, el mundo recobra su sentido. Los Pastor atienden a esta idea, pero la dan un giro de tuerca. Marc luego de haber luchado para reencontrar a Julia, descubre por casualidad que su novia estaba embarazada y ella no se lo dijo por las reticencias de este a formar la familia. A partir de ese momento, toda su fuerza es en reencontrarla y a su hijo, cual historia clásica. Pero lo diferente es que el reencuentro familiar no significa el retorno de la civilización, ahora purificada de sus vicios. Lo que el film nos da hacia el final es la certeza que este mundo debe morir. Y dar paso a uno nuevo, radicalmente distinto. Reitero, no es la formula apocalíptica norteamericana, donde el apocalipsis solo engendra un inicio, donde el mundo es el mismo del que murió pero “mejorado”, un mundo 2.0. Aquí no, todo vestigio del mundo anterior queda para siempre enclaustrado, observando cómo los niños nacidos del Pánico recuperan el mundo. Los viejos, condenados para siempre, solo miran por las ventanas mientras esta nueva generación recuerda que solo hay futuro con la comunidad -y no el individuo- como centro.

En breves palabras, debo recomendar a Los últimos días. Sin ser temáticamente original, tiene suficientes méritos para hacerse diferente en esta buena generación de cine español. Me sorprendió lo de Quim Gutiérrez a quien no conocía, aunque admito que antes de mirar el tráiler, el único motivo para verla era Leticia Dolera (la hermosa novia de REC 3). Nota aparte a la pelea de Marc y Enrique contra un oso. Asumo que no seré el único que va a relacionarla con esa maravilla que es Pride of Baghdad. Un momento magistral.

(1) La Pantalla detrás del Mundo, pg. 45.

The Last Days (2013) on IMDb
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