jueves, 9 de agosto de 2012

The Dead

En uno de los clásicos chistes de Mafalda, ella ve correr a su hermano Guille alocadamente y le pregunta a dónde se dirige tan apurado. Él le responde que no sabe, pero que hoy en día no hay tiempo que perder. Tomar un ejemplo como ese para hablar de una película de zombies, pareciera jalado de los pelos, sin embargo, tiene un sentido. Esa es la misma sensación que me dejó haber visto la adaptación de Zack Snyder de Amanecer de los Muertos, donde la velocidad de estos, la compulsión por el movimiento iba en detrimento al espacio dedicado a la razón, a pensar el entorno, el contexto y las consecuencias de cada acción tomada. No es gratuito que entre los fans del cine z, el género de zombies, exista un debate que genera posiciones encontradas respecto a los muertos vivientes. Entre el caminante (el walker original de George Romero) y el corredor (el runner de Snyder, Steve Miner, etc.)

Por supuesto, la discusión pareciera ser un detalle menor pero solo si olvidamos que el zombie no es el monstruo en sí, sino un medio para llegar a la verdadera amenaza que Romero nos enseñaba en la sociedad y sus efectos sobre el individuo. Así tenemos por un lado que el runner, la manifestación más contemporánea, es un fenómeno de la época. Ansioso, frenético y furioso, es imagen del goce inmediato y este no deja espacio ni tiempo para cuestionar lo que resta de la vida. Y por el otro al walker, más clásico, que proyecta una falsa esperanza de salvación, un respiro al creer que podemos escapar, sin percatarnos que su parsimonia denota lo inexorable de la muerte. Un hecho del cual podemos creer huir pero inevitablemente llegará a nosotros. Creo que este es un recurso mucho más flexible, cuando la película de zombies quiere ir más allá del horror.



Bajo esta premisa, los hermanos Howard y Jonathan Ford dirigen The Dead (2010), cuyo lacónico título ya debería insinuar no el tema ni el género a trabajar, sino el ritmo que va a llevar. La historia se desarrolla en el África Subsahariana, la cual es un resumen de casi todas las películas del género. Una road movie en donde un virus se desata, llega el pandemonio y el hombre intenta escapar a las hordas de muertos. Los hermanos Ford siguen paso a paso la misma fórmula, pero si hay que los hace distintos, es la manera como se aproximan a un tema muy conocido y repetido hasta el hartazgo. Mencionaba que el escueto título ya nos daba una pista, y es que si algo hace resaltar a The Dead es que pocas películas actuales le dan su debida importancia al silencio. A pasar al menos un minuto sin sonido y sin tampoco compararla con los clásicos de horror de la era muda, esta película se permite vivir el miedo a través de otros sentidos. Mientras algunas películas juegan con la claustrofobia en recintos cerrados, esta abre todas las puertas hacia la inmensidad de las desoladas planicies africanas.

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Por ello, el escenario escogido no es casual. Personalmente, no creo que mover el foco de atención de las metrópolis hacia Burkina Faso, sea por la búsqueda del exotismo. Siento que lo que los Ford buscaban además de estos paisajes, que también sea un escenario de encuentro de imposibles, esto alrededor de los dos protagonistas. Tenemos al teniente Brian Murphy (Rob Freeman) del ejército americano y que protege a unos doctores que trabajan en África y por el otro lado al sargento Daniel Dembele (Prince David Osei). Murphy quiere irse de África mientras que Dembele debe buscar a su hijo que está en un campamento de refugiados. Ambos vienen de polos opuestos y en conflicto. En un momento, Dembele acusa a Murphy de ser parte de un nuevo tipo de colonización, con sus médicos y ejércitos en África. Pero la amenaza es inmediata, y las diferencias deben dejarse de lado para pasar a tensas treguas. Y eso es lo que más llama la atención. Los dos hombres viajan hacia la base militar donde están los refugiados sin poder intercambiar palabras. Un espacio vacío llenado por la belleza del desolado paisaje africano, una vez que los zombies hayan sido eliminados claro, que invita a pensar al espectador. Si la comunicación es una inclinación natural del ser humano, que sucede con estos seres silenciosos. Se puede cuestionar qué tan humano es un ser incomunicado, pero eso nos impediría pensar qué otra manera puede existir de tocar a otro que no sea por medio del lenguaje. Los Ford lo logran y hacen que las palabras lleguen a estar sobrando. Ambos hombres, en las antípodas cuando se conocieron, al tener un objetivo en común (encontrar al hijo de Dembele) llegan a moverse como uno. Los Ford nos hacen creer que si pudiéramos entendernos, permaneceríamos en silencio.

Cuando mencionaba al walker, tenía en mente la paradoja de la carrera de Aquiles y la tortuga que cuenta Zenón de Elea. En este caso, la carrera contra la muerte, es inversa. Mientras Aquiles nunca alcanzará a la tortuga, nosotros nunca escaparemos del walker. El caminante para mí es la representación más adecuada y terrorífica de la muerte. Es tan lento, que uno cree poder evitarla y es tan rápido como nuestros propios errores nos llevan a ella. Los Ford han recreado al zombie de manera magistral, sin tanto CGI, haciéndolos tan real como un ser que ha cobrado vida y se mueve por primera vez. Visualmente, The Dead es una de las mejores películas de zombies en mucho tiempo. En cuanto argumento, no inventa nada que no esté ya escrito pero siento que aquí está el gancho de la película. Evita un lugar común que vemos repetidamente, es decir que el mal no existe en los muertos sino en los vivos. Aquí no se buscan esas caricaturas, ni tampoco llenarla de acción y disparos. Una película que debe ser recomendada si uno puede apreciar que la soledad absoluta (aún cuando haya seres moviéndose junto a ti) es otra manera de crear horror, no tan distinto al ostracismo al que cotidianamente nos enfrentamos.

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