domingo, 10 de junio de 2012

Into the Wild


El impulso a reencontrarse con la naturaleza se ha vuelto en la última década en un mandato ético frente al desastre ambientalista que ha producido el capitalismo y su lógica productivista-consumista, que  enfrenta a la sociedad humana a su hábitat, poniendo en duda su propia reproducción. Innumerables programas de T.V. y viajes, documentales, políticas públicas, cruzadas globales, plantean la necesidad de internalizar la lógica verde y sus imperativos cívico-ciudadanos, empujando a las personas a informarse –a hacerse concientes- de sus actos y consecuencias frente al planeta.
En Into the wild (2007) de Sean Penn, parece plantearse con claridad esta oposición entre Natrualeza y Cultura. Entre el mundo artificial de los hombres (la cultura) y el mundo de las especies “inferiroes” (la naturaleza). Sin embargo, la propuesta de Into the wild, va a develar duramente que la naturaleza, no es necesariamente un terreno idílico de pureza instintiva y animal que el ser humano puede apropiar e incorporar a su vida. La naturaleza en realidad es un escenario que se le presenta al ser humano como distante y letal. Las personas no están necesariamente preparadas para la naturaleza en si misma. Menos aún –y aquí esta el mensaje del film- si queremos reencontrarla en soledad, como un monje anacoreta.

El film esta basado en la historia de vida de Chris McCandless, un estudiante recien graduado que desiste de la posibilidad de atender a Harvard para sus estudios de postgrado y decide emprender un viaje por los Estados Unidos que tiene como destino Alaska. McCandless, interpretado por Emile Hirsch no soporta las presiones de sus padres, las expectativas de éxito y acumulación que el estilo de vida norteamericano exige. Esta harto del discurso familiar de superación, no le interesa renovar su carro antiguo, rechaza su ayuda económica, viviendo ensimismado en la literatura y la teoría, pero que ahora quiere dejar atrás en busca de experiencias reales. McCandless entrega sus fondos universitaros a Oxfam, abandona su auto en un paraje desértico, rompe todo contacto con su familia, quema su efectivo, documentos y emprende un recorrido que rememora el viaje de Easy Rider (1969) de Dennis Hopper, en busca de una nueva identidad: "Alexander Supertramp". 

Transitando por parajes diversos, el protagonista se topara con diferentes personajes que funcionaran como compañeros complementarios de ruta, gente bondadosa y amigable que se le acerca “naturalmente”, que reconocen una fuerza en su búsqueda pero que al mismo tiempo discuten con el frente a su idealismo naturalista y su radicalidad solitaria. De hecho esta es una historia atravesada de melancolía y pesadumbres. El grano de la imagen de Sean Penn, la forma como captura los parajes naturales y el acompañamiento de una banda sonora “desenchufada" a cargo de Eddie Vedder (Pearl Jam), hacen que entremos con las pistas de la historia en una velocidad sugerentemente depresiva, amarga y desesperanzadora. 

Y es que la ansiosa e idealista búsqueda de McCandless por el entorno natural, la aventura y la libertad absoluta, esconden sus faltas subjetivas más intimas. La armonía naturalista de Chris McCandless en realidad estaba guiada por un dolor estructural procedente de la imposibilidad de relacionarse con sus padres, sumidos en disputas violentas, engaños y falsedades, que pretendían cubrir con las apariencias de su acomodado estilo de vida. Este estilo no esta centrado en el amor, un amor al cual McCandless no parece sentirse con derecho. Su permanente búsqueda de la soledad tiene su origen en un vacío, en un hueco que el mismo protagonista va a reconocer en su momento más crítico. No hay humanidad ni felicidad en aislamiento involuntario. El ser humano sólo se reconoce en otro ser humano, sin embargo, McCandless escapa permanentemente de los vínculos humanos que se le presentan, y que expresan cada uno de los personajes del film: una nueva madre (Catherine Keener), a un hermano mayor (Vince Vaughn), la oportunidad de encontrar el amor sexual (Kristen Stewart), a un abuelo (Hal Holbrook), etc. 

El asunto es que el dolor infinito que alberga el alma, y que a veces no encontramos como expeler, puede llevar a una fijación repetitiva en la experiencia de una tristeza perpetua. Entonces más que encontrar la cura en la apertura hacia nuevos sujetos o acontecimientos que puedan reconstruir nuestro dolor en otra cosa, la fijación melancólica nos empuja a la soledad libertaria como una falsa resolución de nuestro conflicto interno, haciéndonos creer que somos heroicamente libres, tercamente consecuentes, hermosamente integros y radicales. ¿Es este el camino?. Tal vez.

Paradojicamente hoy en día la estructura subjetiva martirológica que expresa el personaje de MacCandless va desapareciendo de la sociedad humana y va siendo reemplazada por un hedonismo cinico muy cómodo. La gente siente menos culpa, menos sentidos por intervenir en el mundo social y la vida colectiva. Ya no tiene sentido transformar el mundo. Ante esa fatalidad asumida como un proceso natural de la historia las clases medias educadas no emprenden ninguna búsqueda política (o solitaria) como la del protagonista, sino que se encierran en sus seguridadess egocentricas: la pareja, la familia nuclear, los hijos, la vida cómoda y buena, el trabajo, la acumulación, etc.

La salida de MacCandless es radical. Puede entenderse y justificarse su búsqueda individualista y honesta. Sin embargo, esta opción se hace sobre-humana o a expensas de los otros hombres (utilitarista), si es que no se alimenta empáticamente en los Otros. Recordando a Aristóteles, McCandless escogió, guiado por su búsqueda dolorosa, ponerse en la posición de una bestia o un Dios. 


Tags:
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Síguenos, opina o sugiere temas en



Escopofilia
en Google+
Image and video hosting by TinyPic
Escopofilia
en Facebook