domingo, 1 de julio de 2012

El Misterio del Capital de los Indígenas Amazónicos

En Junio del 2009, luego de la promulgación de una serie de decretos legislativos por parte del Estado Peruano, que buscaban allanar el camino a la inversión privada en la región amazónica, sin pasar por el Congreso ni tomar en cuenta el Acuerdo 169 de la Organización Internacional del Trabajo, estalló un trágico conflicto en Bagua que dejó como saldo no sólo víctimas en la población civil y la fuerza policial, heridos y desaparecidos, sino también desnudó la fragilidad democrática de nuestro país, la escasa representación como ciudadanos de este sector en conflicto y sobre todo, la incompatibilidad e intransigencia del modelo económico y de desarrollo que impulsa el Gobierno frente a cualquier posición divergente.

Es en este marco, donde todos los antagonismos ocultos que hasta ese momento sostenían nuestra ilusión de sociedad se hacen palpables, que se trata de pensar cuál es la razón de este problema social. Y es allí donde aparece el proyecto de Hernando de Soto y su institución, el Instituto Libertad y Democracia (ILD) que realizó un documental que intenta no sólo dilucidar las razones de este conflicto sino además trata de construir propuestas de inclusión y desarrollo para la región amazónica. Ello bajo la premisa que el problema reside en el territorio y la propiedad sobre éste.

El documental comienza con escenas de la tragedia en Bagua, yuxtaponiendo escenas violentas donde la policía estaba siendo atacada por esta turba barbárica. Inmediatamente después aparece el líder indígena Juan de Mata, que interpela al Estado a dejar de marginalizarlos y aprobar leyes sin consultar con ellos, lo cual es luego también sostenido por Miqueas Moshari, antiguo presidente de AIDESEP. Estos dos discursos luego son absorbidos por el narrador principal, De Soto, quien presenta su tesis principal donde el reconocimiento de los territorios es el punto nodal de la solución del conflicto social, pues amalgamar los conceptos de propiedad, territorio y empresa, permitirían el escenario ideal para la extracción de bienes y la ganancia con el consecuente desarrollo de la comunidad. En La invención del Tercer Mundo, Arturo Escobar escribe que “el desarrollo de un país depende de un factor material: el conocimiento y luego la explotación de sus recursos naturales” y esta idea es puesta en práctica en este documental paso a paso. Para De Soto, si la selva peruana es aún un territorio con estos problemas, se debe a la inacción del Estado y sobre todo a los intereses de grupos radicales, como el dirigido por Alberto Pizango.

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Sin lugar a dudas, esta introducción ya nos da una línea para trabajar desde el mismo origen del documental. De acuerdo a Escobar, la pobreza se manifiesta como un problema social, hacia el cual se interpela a actuar repensando los factores económicos, políticos y legales. Y es en este contexto de intervención donde este documental se encuentra inscrito. Aunque deberíamos también preguntarnos a que llamamos pobre. De acuerdo a Fermín Tiwi , el indígena tiene una perspectiva distinta de a partir de qué nivel se es pobre. Evidentemente, esto nos lleva a cuestionar quién demarca la línea de pobreza, por qué el nivel de ingresos es un factor determinante, y cómo el soltar alegremente el término “pobre” en el documental, elide las relaciones de poder entre aquel que nombra y aquel que es nombrado. Creo que cae por su propio peso, pero es importante traer la idea de Ranajit Guha que es desde el discurso de las élites donde se construye al subalterno.

Por otro lado, es imposible no prestar atención a la forma en la cual se refieren a Pizango, o a otro individuo que esté en oposición a su línea de pensamiento. Personalmente considero que la propuesta del documental falla desde este inicio. En hacer tan visible la postura política del narrador quien quiebra tan rápido la ilusión de estar captando la demanda de estas comunidades de manera objetiva. Desde el momento que descalifica la posición incompatible con su propio punto de vista, haciéndose pasar como los portadores de la Verdad, el discurso comienza a minarse a sí mismo.

La introducción también nos brinda una breve mirada a este sujeto de estudio. Es decir a los indígenas. Curiosamente, ninguno de los dos habla de su territorio y los problemas económicos. Ambos lo que reclaman con vehemencia es la obligación del gobierno de inscribirlos en la narrativa nacional. Ellos reclaman representación, presencia, ciudadanía. Parafraseando a Alan García, ellos aún “no son ciudadanos de primera clase” . Lo que hace el documental es un trabajo de interpretación pues se canaliza este pedido a una demanda de ideología capitalista, donde la propiedad privada y el mercado funcionan como base del sistema de la democracia liberal de occidente. Y considero que es por ello importante para el narrador dar por sentado que la necesidad de incorporarse a los valores occidentales parte de la misma comunidad y no de su labor hermenéutica.

El documental continúa con la afirmación que no existe incompatibilidad entre el modelo de desarrollo empresarial y capitalista y los modelos locales, “entre lo indígena y lo moderno”. Es importante ya notar el juego de imágenes en el documental, donde no deja de llamar la atención la toma en primer plano de una pobladora haciendo uso de su celular y revisando sus mensajes. Es en ese momento que De Soto introduce uno de los elementos más importantes del trabajo con los nativos de Alaska y Canadá quien para propósitos del documental, son una suerte de análogo a los nativos amazónicos donde la importancia de ellos radica en que sí tienen control sobre tu territorio y por tanto, son empresarios. Se han insertado con éxito en la lógica del capital y han logrado su desarrollo sin perder su cultura. El ILD entonces invita a estas comunidades norteamericanas para compartir su experiencia con las comunidades indígenas de la selva peruana. La primera parte de este encuentro brinda una frase muy importante. Ya reunidos varias comunidades peruanas con estos representantes de comunidades de Alaska, Canadá y con De Soto, la tónica del discurso es resaltar la evolución de tribus sin representación y agencia a sujetos y organizaciones que pueden “lidiar con el Mercado, adaptándose al Siglo XXI sin perder su identidad”. Como De Soto señalaba, el ILD veía que la selva no es una arcadia premoderna sino que los nativos ya están dentro de los engranajes del Mercado. Pero esto es una interpretación absurda pues por un lado, desde los albores de la humanidad ha existido el comercio de bienes como una manera de socialización y no por eso hemos nacido como capitalistas neoliberales. Entonces, lo evidente es que De Soto se aferra a una sola acepción de mercado, el libre mercado capitalista, para hacer funcionar su tesis. Y elide por completo que pueda existir un mercado nativo, con características propias y que no tenga que ver con la visión de occidente.





Hasta este punto, es palpable cómo el discurso de desarrollo es siempre preparado fuera de las comunidades y que se tiene que aplicar dentro de ellos a fin de producir regimenes de Verdad. Cualquier tipo de saber previo no sólo ha sido subalternizado sino completamente nulificado pues ya el documental nos ha puesto sobre la idea que estas comunidades desde hace mucho están en la lógica de mercado aún de manera rudimentaria y sin las competencias adecuadas para poder manejarlo y sobrevivir a él. Como dice Escobar , la pobreza e ignorancia están relacionadas a un sujeto carente de protagonismo, sin agencia y existencia en la Nación (recordemos cómo abre el video y el énfasis en resaltar esa parte de las declaraciones de Moshari y de Mata) que está a la espera de este sujeto del saber quien pueda rescatarlo. Por ello creo que es sintomático el énfasis en insertarse en el siglo XXI, pues cualquier otra forma de pensar es anacrónica. Al mismo tiempo, es importante resaltar la lógica subrepticia del documental. Al traer a estos sujetos del saber, lo que se pone en juego es el traslado de experiencias ya probadas en occidente, es decir, la importación de herramientas universalmente aplicables (como la ciencia, el capital, etc.), en detrimento de cualquier saber y experiencia local.

De aquí parten dos líneas de interpretación de la estrategia del documental. La primera es que el discurso de desarrollo se reviste de un carácter mesiánico. Escobar llama a esto, el traer la luz a fin de satisfacer los requerimientos sociales y la segunda línea es la creación del mundo a partir de una visión única. Tomemos como premisa básica la potencialidad creadora del discurso. Uno crea aquello que describe, uno habla y constituye al otro. Así, al momento de construir el texto, se va también construyendo la autoridad del enunciador y la subordinación de aquello que es objeto de estudio. El discurso es la articulación del Conocimiento y el Poder. Y activar estas prácticas de Poder sobre el objeto, implica hacer algo con la realidad. Intervenir en ella. Y lo que se ve en el documental de manera evidente es cómo el enunciador homogeniza completamente al otro. Borra cualquier singularidad, cualquier diferencia cultural y étnica para resemantizarlos en una nueva categoría fácilmente maleable: los pobres. La carencia como única definición de identidad. La pobreza se vuelve sinecdótica y es tomada como única característica del sujeto por el enunciador, opacando cualquier otra dimensión del ser, aislándolo del entramado en el cual está inserto y el contexto de su diferencia en el mundo. Es decir, el sujeto ya está subordinado desde el saque en la definición de su identidad. Es uno más del universo de pobres.

Esta perspectiva es luego expandida en el documental. Manny Jules, líder indígena de Canadá, manifiesta su deseo de ver una América unida, donde el cóndor y el águila se junten, a la vez que Julie Kitka, representante de las comunidades de Alaska expresa el deseo de transmitir sus experiencias. La siguiente escena es verdaderamente reveladora. De Soto conversa con un dirigente (anónimo) sobre la percepción del mundo sobre los indígenas. De Soto afirma que existe un prejuicio que el indígena no concibe o no entiende los conceptos de propiedad privada y la capacidad empresarial. Idea que se contradice con lo que él ha visto en las comunidades. El poblador reafirma estas aseveraciones, que a pesar de ser un colectivo, tienen intereses particulares. Y De Soto responde con esta contundente frase.

“Entonces tenemos una visión equivocada de ustedes… son colectivos pero adentro son como el resto de los peruanos y el resto de los ciudadanos del mundo.”

Retomando lo que ya se ha adelantado sobre el poder creativo del discurso, vemos cómo se presenta la definición del uno y el otro. Donde el yo implica al resto de peruanos y ciudadanos del mundo y el otro, al excedente de mi representación, es decir al nativo que no se sabe nada. La definición de estos dos sujetos se materializa a partir de una exacerbada polarización. De una dicotomía posicional entre el sujeto desarrollado (el yo) como objetivo a alcanzar y el sujeto-de-desarrollo (el otro) como un “en proceso de”, y por tanto, como el único camino posible.

A ello no podemos dejar de prestarle atención a la manera cómo el narrador estable el lugar del sujeto en la posición más externa posible. Me arriesgo a la siguiente lectura. Tú, mi objeto de estudio, no eres como el resto de nosotros, como el resto de los ciudadanos del mundo. Pero a través de mi discurso y la materialización de éste, puedes intentar serlo. Es muy claro que la estrategia discursiva de sublimar cualquier dimensión subjetiva de este sujeto otro (Tú no eres como el resto), cosificándolo, haciéndolo una tabula rasa en la cual es lícito intervenir. El discurso del desarrollo es como se observa, un discurso de control social, donde los excluidos, los otros, los que no son como el resto de los peruanos, son blancos de prácticas de control y un laboratorio de experimentos. En el video, el discurso del desarrollo se presenta como intentando explicar la realidad, una especia de radiografía de ésta (“el presidente ha pedido que todos los peruanos expongamos nuestras ideas sobre cómo alcanzar la paz social en la Amazonía”). Sin embargo sus incongruencias develan que sólo ha construido esta realidad para intervenirla y moldearla para sus propios intereses.

Los siguientes puntos interesantes del documental, apuntan a la discusión sobre los derechos de propiedad sobre la tierra. Es decir un título sobre ella. De Soto afirma que su grupo ha realizado un mapeo exhaustivo de la realidad amazónica y ha descubierto que si bien existen títulos, estos son comunales y por tanto, inservibles frente a los títulos individuales que por ejemplo le permitiría al indígena acceder a préstamos bancarios. Lo que De Soto nos dice, es que el título nativo es o bien informal en su sentido más lato o primitivo y por tanto inútil pues las comunidades son agentes pasivos frente a la voracidad de las empresas extractoras. Esto, no conlleva sino a un mayor aislamiento. Es sintomático en ese sentido que De Soto esgrima que Dios está en los detalles y también en los títulos. Dios está en el capital y en la visión occidental. Pero lo que De Soto no dice, es que respecto a los títulos de propiedad, la inoperancia no viene del mismo objeto, sino de quien debería hacerlo útil que es el mismo Estado. Por ello, Margarita Benavides afirma que “el titulo no funciona sin un Estado presente” ya que en realidad, no se puede esgrimir que los títulos sean débiles. El problema es que es el Estado el débil al no poder hacer respetarlos. Yo me pregunto, si no es esta idea la misma que sostiene Miqueas Mishari al inicio del documental pero que De Soto no quiere o no puede entender.

Es por ello que resulta tan cínico, cuando De Soto reclama que hay que oír a los nativos, prestar atención a lo que quieren y piensan. Y no seguir escuchando a los que tienen ideas románticas, importadas o preconcebidas sobre la selva en clara alusión a las ONG. En el fondo, es obvio que lo que debería ser un debate en pos de armar una tesis, se vuelve un soliloquio de impone su voz y opaca a las disidentes. Un segundo punto, nos lleva hacia los últimos minutos del documental que merecerían un estudio aparte. Una vez que De Soto ha sentado su posición, dado su versión sobre el mercado y el desarrollo, termina el video de la siguiente manera.

Él dice que conoce el problema de la exclusión y la injusticia de primera mano. Al viajar a Europa vivió también un tipo de discriminación donde su núcleo de cohesión era su identidad cultural. Pero que eso no impidió que usase las herramientas económicas de la modernidad que le daba Europa. Por tanto, oír a personas como Pizango, quienes proponen seguir encerrados en la nulidad del enclaustramiento es darle la espalda al futuro, a quien deberíamos abrazar. Terminando el video precisamente en un abrazo entre el nativo de la selva peruana y de Alaska. El pobre y el rico sonriendo, mientras la música va increscendo y terminamos con un abrazo infinito que mira al horizonte del mañana.

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No obstante, hay algo en ese final que resulta más que cínico, repulsivo. El primer nivel es cuando el narrador trata burdamente de hacerse pasar por uno de ellos. Como dice Escobar, el discurso del desarrollo intenta presentarse hacia los otros como un centro imparcial, neutro y racional. Además, que es Occidente quien posee no sólo la tecnología y la experiencia, pero que por oposición, es el otro quien no la tiene. Y es en esta tensión entre poder y desigualdad, que quien no tiene acceso a registrar su voz, termina por ser nulificado. El abrazo final, es chocante porque nos quiere hacer creer la fantasía de la homogenización, que todos los nativos son iguales y pueden llegar a un destino común y edénico (“unir al cóndor y el águila”) mientras el capital se regocije al haber colonizado las heterogeneidades.

Esto es la reconstrucción del fantasma del paradigma indigenista, que divide y opone dos esferas. Un Perú oficial, al de la costa y/o ciudad y al Perú profundo, arcaico, premoderno, que urge de ayuda y que se le brinde la mano para salir de su enclaustramiento temporal. Y el agente de este cambio es el individuo de la ciudad, el académico que traerá la modernidad y el desarrollo a la población. De acuerdo a lo que vemos en el documental, es el Estado (en menor medida) y el empresario, los ciudadanos de la ciudad letrada los únicos e innegables garantes de la cultura y desarrollo. No es difícil advertir, que el discurso sobre el desarrollo se lo debe entender como uno de dominio social. Donde los excluidos son el blanco de prácticas de control y producción de regimenes de verdad.

La idea básica del fantasma que se observa en el documental, es configurar al indígena como un individuo inherentemente premoderno ya que de esa manera es más fácil negar sus propias propuestas de desarrollo y así poder dominarlos social y económicamente. El proceso de la denegación de la modernidad en la selva, permite ese doble juego de aceptación y negación que sostiene el fantasma que el hombre de ciudad siga ejerciendo su poder como el buen patriarca. Es este economista que trae el discurso mesiánico y redentor. Un oligarca que tiende la mano y ayuda al desvalido. En pocas palabras, la fantasía del indígena premoderno que nunca podrá saber nada sostiene esta realidad oligarca y de poder y saber centralizado que excluye y domina al otro.


Bibliografía


  1. BENAVIDES, Margarita. Analizando el Misterio del Capital. En: http://www.youtube.com/watch?v=jzN0W9QJ4lo 
  2. Boletín temático Servindi #66. Respuestas a Hernando de Soto. En: http://www.servindi.org/actualidad/19057. Lima, Noviembre del 2009 
  3. DE SOTO, Hernando. El Misterio del Capital de los Indígenas Amazónicos. En: http://www.youtube.com/user/ildindigenas 
  4. ESCOBAR, Arturo. La invención del Tercer Mundo. Bogotá, Norma, 1996. 
  5. UBILLUZ, Juan Carlos. Nuevos Súbditos. Lima, IEP Ediciones, 2006.
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