jueves, 27 de febrero de 2014

Black Mirror

En estas semanas he estado dictando un curso que toca algunos temas como discurso, poder, política y ciudadanía. Conceptos quizá precedidos de una fuerte carga teórica y algo complejos de aterrizar. Pero por suerte, como apoyo, encontré esta excelente serie británica. Estaba ya un poco familiarizado con su guionista, Charlie Brooker por el gran trabajo que hizo en Dead Set (un reality show con zombies), que también se centraba en críticas a la cultura del entretenimiento y el devenir de la sociedad.


Black Mirror es una serie que consta de tan solo seis episodios sin aparente relación alguna entre ellos, excepto por el deseo de plasmar no solo los peligros de la hibridación entre el hombre y la tecnología, sino también las posibilidades de esta suerte de homo digitalis. En un mundo infestado de tablets, smartphones, de una conexión permanente a la red, saturado del goce voyeurista al otro, qué queda o mejor dicho, cómo se piensa lo humano. Precisamente, esta serie apuesta a buscar algunas luces para formular una respuesta, aunque como el título presupone (el espejo negro es la pantalla de un celular, tablet, tv, etc.), en un desarrollo sin crítica quizá lo único que devuelva ese espejo sea un oscuro reflejo de la evolución de lo humano.

Pero no adelantemos conclusiones. La riqueza de esta serie está justamente basada en no seguir una monotonía temática. Todo lo contrario, esta diversidad de ángulos le permite ampliar el espectro sobre diferentes ejes que atraviesan y sostienen al hombre y su realidad. En cómo esta lo constituye forjando nuevas identidades, pero también cómo el sujeto puede resistirse, o al menos, intentar responder los mecanismos de control, desde el poder político, de los medios de comunicación, etc.


Sin entrar en demasiados detalles sobre cada capítulo, podríamos resaltar algunos temas sobre los cuales se articulan la visión del hombre en sociedad. El episodio con el cual abre la serie es “The National Anthem” (El himno nacional) cuyo argumento es el rapto de una princesa británica. A fin de entregarla con vida, el secuestrador hace un comunicado público a través de YouTube en donde exige al Primer Ministro tener sexo con un cerdo en televisión nacional. Por supuesto, una propuesta tan grotesca y sin sentido provoca repulsión y la lógica negativa del político. Pero a medida que el tiempo se le agota, la presión pública lo llevará a cuestionar sus valores éticos a fin de salvaguardar la vida de la princesa. El público mientras tanto, condena el acto, pero doblegado por el morbo es incapaz de despegarse de la pantalla. Entonces uno se cuestiona hasta que punto somos responsables por el asco del espectáculo. Si cada uno contribuye con su pasividad a degradarnos con aquello que se nos muestra. Una idea fundamental que regresará en la segunda temporada.

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Aparentemente, todos somos el cerdo

El segundo capítulo es “Fifteen Million Merits” (15 millones de méritos) aparenta un futuro distópico y sin embargo yo lo sentí como algo tan presente y tangible. Esta es una sociedad dedicada a trabajar en máquinas que le generen “méritos” para saciar su necesidad de entretenimiento en pantalla. Día y noche individuos bombardeados por publicidad y más shows de tv, donde la única posibilidad de escape es convertirse en una versión de American Idol o Next Top Model. Los 15 millones de méritos hacen referencia al precio de un ticket para tener una sola chance de ser esa estrella. No puedo contar el desenlace de esta historia y solo atinaría a señalar el gran trabajo que se hizo para retratar la tensión generada entre el dominio y la resistencia y las posibilidades de agencia del sujeto frente al poder, aún cuando este parece haber colonizado cada rincón de nuestra subjetividad.

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Algo de Xbox Live hay aquí

La primera temporada cierra con “The Entire History of You” (La completa historia de ti). Pensaba que este era el capítulo más sci-fi de todos, hasta que este año fui bombardeado con gente que publicaba sin reparos los videos de su vida en facebook. En resumen, en el futuro la gente tendrá la posibilidad de implantarse un chip que grabe cada momento de nuestra vida y poder “disfrutarlo” cuando deseemos y por supuesto, compartirlo con otros. El episodio se centrará en el conflicto y daño que esta tecnología hará en la vida de una pareja. Uno de mis capítulos preferidos sin duda.

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¿Qué recuerdo miraremos hoy?

La segunda temporada reinicia con esta idea de la pareja. Esta vez no en la separación a partir de la irrupción tecnológica, sino el reencuentro gracias a ella. “Be Right Back” (Ya regreso) trata sobre la muerte de un hombre y cómo su pareja embarazada de él, no puede soportar su ausencia. A través de un programa que recobra nuestras huellas digitales, es decir, correos electrónicos, mensajes en twitter, facebook y otras redes sociales, nuestra voz en celulares, etc., recrea nuestra personalidad. Sin embargo, este reflejo tecnológico de lo que solíamos ser qué tanto de nosotros contiene. ¿Cómo trabajamos nuestra identidad en la red? ¿Y qué tan fiel es a como somos en carne y hueso? Uno de los episodios que más me movió y dejó pensando.

Y cuando pensaba que esta temporada empezaba con un drama íntimo, viene “White Bear” (Oso Blanco). Una mujer despierta con amnesia en una casa abandonada. Al salir de esta, comienza a pedir auxilio, pero la gente solo la mira. Un auto se para frente a ella y un individuo enmascarado baja con una escopeta y comienza a dispararle. La mujer aterrada, grita por ayuda y la gente solo saca sus celulares y comienza a grabarla y tomarle fotos. La mujer sigue gritando y rogando porque alguien se apiade de ella y reaccione. Pero ellos, sin gesto alguno, están detrás de sus cámaras registrando cada segundo. Como anticipaba en National Anthem, todos somos responsables o cómplices. White Bear pone el dedo en la llaga sobre hasta qué punto nuestra inacción o desidia bordea el sadismo. De hecho , uno de los episodios más duros de la serie.

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¡Soy yo, Waldo!

Finalmente, “The Waldo Moment” (El momento Waldo). Usé este capítulo en la clase para hablar sobre política y creo que fue muy pertinente. En una sociedad cansada, hastiada de los partidos tradicionales, es normal ver outsiders elegidos, desde deportistas, payasos, cómicos, etc. ¿Pero qué representan ellos? ¿Por qué nos quejamos si luego hacen una pésima función? ¿Y por qué nos acordamos que la política existe solo cuando hay elecciones? En una sociedad que ya no cree en proyectos nacionales, en utopías o en una mejor sociedad por venir, lo único que queda es creer en uno mismo. El “yo” como centro del universo. El momento Waldo es eso, el fin de lo social. La imposibilidad de la discusión del bien común en la esfera pública. Y cuando sucede eso, cuando cada sujeto evita el diálogo, se repliega sobre sí mismo y cierra la puerta, pues terminamos gobernados por un Waldo. Elegido por nosotros mismos y luego nos quejamos.


Me es imposible no recomendar esta serie ya que es de lo mejor que he visto en años. Y si quieren verla sin lecturas teóricas, igual la van a disfrutar y definitivamente un capítulo al menos van a sentir que les está hablando directamente. Un diez sobre diez y ojalá venga una tercera temporada.

Black Mirror (2011) on IMDb
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