viernes, 1 de marzo de 2013

The Sword

Hace un mes se confirmó la noticia que el estudio Lakeshore Entertainment, productora de Æon Flux, Crank, la saga de Underworld, etc., había adquirido los derechos para adaptar The Sword (2007) la fantástica novela gráfica de los hermanos Joshua y Jonathan Luna. Teniendo a Underworld como referente, no me sorprendería que el estudio esté planeando también una pequeña franquicia con The Sword, lo cual no estaría tampoco mal dada la naturaleza de la novela. Por tanto, me animo a desempolvar esta pequeña joya que como casi todo producto que no sea de Marvel o DC, no ha tenido la repercusión que se merece.

La historia se centra en Dara Brighton, una adolescente que quedó parapléjica en un accidente de auto. Durante una cena familiar, tres desconocidos irrumpen en su casa y comienzan a interrogar a su padre, Alex, acerca de una espada. El padre, confundido ante las acusaciones del trío niega conocer este objeto, lo cual enfurece más a los asaltantes. Frustrados, empiezan a asesinar uno a uno a los miembros de la familia Brighton, pero demostrando habilidades sobrehumanas, exactamente el control de elementos, como agua, tierra y aire. Al matar a Alex, quien hasta su último aliento negó conocer la espada, creyeron haberse equivocado de hombre y abandonaron la casa en llamas dejando a Dara condenada a morir quemada. No obstante, el suelo se desploma por el incendio y Dara cae encontrando la famosa espada. Malherida, trata de sostener la espada y sorprendentemente no solo sus quemaduras y cortes sanan sino que recupera la movilidad en sus piernas.

De esta manera comienza la historia de venganza de Dara, que la lleva a descubrir que el verdadero nombre de su padre era Demetrios, un héroe de la edad de bronce de Grecia y el trío de asesinos eran en realidad no solo hermanos sino dioses que luego de una era de tiranía de un cuarto hermano, ya muerto, forjaron todos una espada como símbolo de equilibrio y paz entre ellos sin saber que ese mismo objeto, era lo único que podía dañarlos. Los tres hermanos le dieron la espada a Demetrios para asesinar a su hermano, confiando que luego de muerte este, su reinado sería seguro. Pero Demetrios no solo no la devolvió sino que amenazó con ella a los dioses a renunciar a su poder sobre los hombres y vivir como mortales. Durante siglos los vigiló y atemorizaba cuando uno de ellos intentaba usar sus poderes. Ahora Dara tenía la espada y se dedicaría a cazar uno a uno a los dioses que acabaron con su familia, no sin antes haberle abierto los ojos a un mundo escéptico de la peligrosa tangibilidad de dioses caminando entre nosotros, pero además a ser el objeto de la codicia de un gobierno ansioso de hacerse con la mágica espada. Finalmente Dara conseguirá matar a todos los hermanos, no sin antes haber perdido demasiado de sí misma en su camino de ira a satisfacer la ley del talión.

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Al volver a leer la historia, me percaté que hay dos ejes muy claros por donde esta transita y que permite que uno se puede identificar con ella. El primero está bastante claro y es el leitmotiv del personaje. Clint Eastwood en Sudden Impact (1983), decía que la venganza “es la motivación más antigua conocida por el hombre”. Efectivamente, es un impulso primitivo pero lógico y es tan propio a nuestra naturaleza que no extraña su exacerbación sobre todo en la cultura popular americana. The Sword no da una respuesta al por qué, qué implicaciones conllevan o cuáles son los riesgos de la venganza, pero sí nos da pie a soltar algunas ideas. El segundo eje, que ya sale del plano narrativo y uno que nos toca más, es la orfandad del individuo moderno. Por supuesto esto lo trataré de expandir más adelante.

Respecto a la narrativa de la venganza, para que funcione y genera cierta empatía con uno, la víctima debe tener algo que merezca la pena vengar, con lo que todos podamos identificarnos y sentir cierta tranquilidad al acabar con quienes nos dañan. Pero se debe aclarar que contrariamente a lo que se presupone, The Sword acierta al mostrar que la venganza no genera placer alguno en el individuo. Todo lo contrario, lo único que Dara nos muestra son solo manifestaciones de miedo y dolor, lo que es comprensible. En la venganza, la naturaleza de la víctima y el atacante se vuelven una sola. El dolor que siente, es el de la transformación, en volverse lenta e irremediablemente en aquello que odia y juró destruir. Por ello, no sorprende que en las historias de venganza el sujeto termine consumido por su propio vacío.

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Por otro lado, en nuestra sociedad, sabemos que el sujeto debe someterse (estar sujeto) a una autoridad superior a sí mismo, una que sea garante de justicia y seguridad. No obstante, es común ver como este contrato social se rompe y se erigen las figuras del vigilante o de un individuo impulsado solo por la venganza hacia alguien o hacia una sociedad que lo ha defraudado. Efectivamente, la irrupción de estas figuras nos habla del desmoronamiento de una sociedad cuyas figuras de autoridad ya no siguen siendo funcionales o que se han vuelto impotentes de seguir manteniendo la ficción colectiva. Antes que Dara vaya a darle caza al primero de los hermanos, Zakros el dios del agua que asesinó a su hermana, piensa en entregarse a la policía a fin de poder recibir ayuda. No obstante, es secuestrada por una agencia del gobierno que anhelaba el poder de la espada y obviamente, eliminar a la chica de su camino. Claro, la protagonista se libera de sus captores y se dirige hacia el dios del agua, pero con una verdad duramente aprendida. El Estado ya no puede ni quiere ayudarte. El ciudadano está solo y por su cuenta.

Posteriormente, se enfrenta a Knossos, el dios de la tierra que mató a su madre. Knossos es de lejos uno de mis personajes favoritos. Claro, es el villano, y también un traficante de drogas y armas y no tiene respeto alguno por las vidas humas. Y sin embargo es el personaje más complejo y rico de todos. A pesar de su proclamado origen divino, Knossos demuestra características sumamente humanas como el miedo y también la fe. De hecho, de los tres hermanos, es el único que cree en una instancia superior, en un Dios padre. Mientras los hermanos dudan ante el silencio paterno, Knossos cree sin ver y eso le brinda una mayor fuerza que a los otros dos, tanto que si fue derrotado por Dara, solo se debió a la traición de su hermana Malia, la diosa del aire.

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Cuando me refería a la orfandad, me refería precisamente a estos dos puntos. El hombre está abandonado a su destino. No hay más un dios que te cuide ni un estado que te proteja. Durante la historia, es común la intervención de ciudadanos entrevistados por la aparición de Dara y estos dioses y su poder destructivo, y ellos manifiestan este miedo o paranoia al nivel del que infligen terroristas por ejemplo. La tragedia de la evanescencia humana, de la muerte instantánea, es una constante para todos estos individuos. Y paradójicamente, no solo la expresan los mortales, sino los mismos dioses. Cuando Malia queda sola, en el enfrentamiento final con Dara le dice precisamente ello, el padre está muerto o si está ahí, nunca responde. Acaso algo puede ser más intolerable que esa incertidumbre. No es ilógico pensar que en algún lugar de su naturaleza, el hombre va sedimentando su venganza contra este padre en silencio.

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