martes, 3 de abril de 2012

The Hunger Games

Hace un año, vi en un blog unos afiches promocionales a la película de The Hunger Games (2012) con el símbolo de doce distritos. Esta idea me pareció peculiar y antes de ver el film, decidí leer los tres libros de Suzanne Collins, que resultaron bastante entretenidos. Pensé en ese momento escribir algo sobre el primer libro, y pasé por varias críticas que tildaban a Collins, y por ende a la adaptación en el cine de su libro, de un plagio a Battle Royale (2000) y en el mejor de los casos, de haber tomado prestado varios elementos. Dicho sea de paso, no leí el manga pero sí vi la película japonesa. Así que siento que antes de hablar de The Hunger Games, deben ponerse los puntos sobre las íes. Es obvio que Suzanne Collins sí ha tomado elementos prestados. Pero no de Battle Royale. Es más, esta otra película también puede ser acusada de plagiar y es que la raíz en común de este tipo de películas va siglos atrás, a otra historia de tributos y asesinatos. Me refiero por supuesto al mito de Teseo y si no están familiarizados con este, trata sombre cómo Atenas y otros estados debían mandar un tributo a Creta. Es decir una pareja de jóvenes enviados a la muerte en el laberinto del Minotauro, en retribución por una ofensa a Creta siglos atrás. Luego Teseo matará a la bestia y se liberarán estos estados oprimidos. Y si han visto Battle Royale, The Hunger Games, o hasta Death Race (2008), se darán cuenta que no existe un tema original, sino que el aporte novedoso de cada film es en la manera de cómo contar una historia ya conocida.



Y pienso que allí está el valor de la obra de Collins y por supuesto, de esta adaptación dirigida por Gary Ross que logra despegarse (de cierta manera) de esta necesidad de construir el siguiente blockbuster adolescente. En un futuro, los EEUU dejaron de existir, para dar paso al Panem. Allí, el Capitolio dirigido por el presidente Snow (Donald Sutherland) gobierna con puño de hierro a doce distritos sometidos a una cruel tradición llamada “Los Juegos del Hambre”, en donde un chico y chica de cada distrito lucha a muerte contra todos para sobrevivir, honrar su distrito y alimentarlo. Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence) es la representante del distrito 12 al haber elegido ser tributo en lugar de su pequeña hermana. A partir de ese momento, su vida da un giro al ser llevada al opulento Capitolio y confrontar su vida de privaciones con los lujos y banalidad de la capital. Al entrar a los Juegos, Katniss inconscientemente personifica de todo el Panem ante la opresión, y pasa de ser una pieza más del juego a ser el incómodo excedente de un sistema totalitario en crisis.

Lo primero que podría decir, es que la película me sorprendió porque no trató de quedarse en la comodidad de sacar réditos del nombre del libro, sino que trató de respetarlo tanto en argumento como en la construcción de cada personaje. La actuación de Jennifer Lawrence es muy buena y logra que el personaje de Katniss vaya más allá de los estereotipos de la chica sufriente o dura puesta a prueba en una situación excepcional. Si bien no es innovadora en cuanto a la construcción heroica, ya que Katniss pasa por lo que Joseph Campbell llama el viaje del héroe, o un patrón común en este tipo de narrativas, mas bien sí puede ser vista como la necesidad social de héroes en momentos de fractura en la identidad nacional o de agitación. Teniendo en cuenta que por la época, ya no puede hablarse de un personaje que englobe valores éticos y morales, el tipo de héroe creíble, es aquel que encarne el espíritu del pueblo. Que haga algo que todos deseamos pero no somos capaces de hacer. De tal manera, durante los Juegos, que no son más que espectáculos televisados que degeneran en el culto a la simple celebridad del ganador (tema que por ejemplo sí toca ligeramente Battle Royale), la resistencia de Katniss a la lógica del juego pasa a ser la resistencia de todos. Es gracias a este héroe o heroína que se da un primer paso para desestructurar el régimen totalitario.

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Clove, Cato, Marvel y Glimmer: los pros

Un segundo punto, es la adaptación del libro. Siento que las cosas que se dejaron del lado, fueron mínimas. Quizá porque la misma Collins estaba encargada de esto, hubo cambios mínimos y eso ayudó a que la transición fuese más fluida. Personalmente, el único detalle que no me gustó, fue el nivel de violencia en los Juegos. Quiero decir, y siempre en relación a las descripciones del libro, que los combates son más limpios, ausentes de sangre y estilizados de lo que deberían. Pero aún con la categoría de PG13 encima, se hizo un buen trabajo. La masacre inicial en la Cornucopia es algo perturbador aún cuando no muestren sangre. Un buen jalón de orejas para Eli Roth y otros exponentes del “torture porn” que de una buena vez aprendan que no por mostrar sangre y muertos por doquier, automáticamente estremecen a quien mira. Tienes que saber cómo mostrarlo y Gary Ross lo sabe. Una nota aparte a la fantástica performance de Isabelle Fuhrman como Clove, la tributo del distrito 2 que logra intimidarte de una manera indescriptible.


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Lo privado y lo público

Finalmente, un tercer punto, sería el concepto de los juegos como espectáculo, la muerte como diversión para otros, que abre otro campo de análisis. Si bien es cierto, se esboza una cierta crítica a nuestra sociedad compulsivamente voyerista y adicta a explorar la vida de otros a través de reality shows o como en el caso de los Juegos del Hambre, que estos otros sufran en lugar de nosotros, solo está ahí de manera superficial. Teóricamente, aquí podría cuestionarse la idea de comunidad y sujeto en la película. Partiendo del hecho que el sujeto está soportado por la sociedad, es decir que esta es la que da la identidad al individuo, debemos tomar en cuenta que es en la esfera pública o los medios de comunicación, en este caso en la señal televisiva del Capitolio, donde se discute sobre la noción de comunidad. Sobre qué somos, dónde estamos y cómo estamos hechos. Es en los medios donde se instaura nuestra idea del bien común, y también es allí desde donde se ejerce la fiscalización, como vemos en la interacción entre el presidente Snow y el director de los juegos Seneca Crane (Wes Bentley). Y si bien el film no logra explotar al máximo esta crítica, creo que es porque se busca que a partir del espectáculo en sí sea medio para la construcción del héroe que este tipo de sociedad busca (como en la muerte de Rue). No obstante, la idea de los medios de comunicación seguirán siendo un eje de importancia para la historia, y un elemento que seguramente se verá más desarrollado en las secuelas así como se hace en los libros.

The Hunger Games es una película con un valor que merece ser resaltado. Y es porque debajo de las capas de cine para las masas e incluso más peligroso, de ser vendido como producto para el consumidor adolescente, existe un texto que se pregunta cómo el sujeto es moldeado por la cultura y que cuestiona el sentido de los individuos a partir de poner en debate conceptos como estado, sociedad y al conjunto de significaciones sociales. Es verdad, no estamos frente a un producto del cine-arte, pero por el solo hecho que aún el cine de masas pueda exigirse salir de los facilismos del género y poner en debate cuestiones como el poder que moldea las relaciones sociales, ya es un avance a tomar en cuenta.


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