miércoles, 10 de julio de 2013

Pontypool

Semanas atrás Intenté convencer, sin éxito, a mi hermano para ver la adaptación de World War Z. Él me respondió que ya estaba cansado de los muertos vivientes y que estos ahora salían hasta en la sopa. Para ser honestos, razón no le falta. Ya se está saturando la oferta con productos mediocres y de planteamientos repetitivos, aunque hay ciertas buenas excepciones. Así que rescatemos esas buenas películas que nos hacen mantener la fe en los zombies. Y unas de las mejores que visto en estos días es Pontypool (2008) de Bruce McDonald basada en el libro de Tony Burgess. Desde cierto ángulo, trataré a esta película como una variante de este género aunque los puristas dirán que no es estrictamente una película de zombies, tampoco lo eran 28 Days Later (2002) o I walked with a zombie (1943) y no vamos a entrar tecnicismos que las desvirtúen.

El argumento del film se basa en el estallido de una epidemia en el pueblo de Pontypool, Ontario. Allí labora Grant Mazzy (Stephen McHattie) un locutor de radio quien en su camino al trabajo, encuentra a una mujer deambulando, aparentemente perturbada y repitiendo incoherencias. Mazzy se consterna por este encuentro y llega a la estación de radio pensando si debió llamar al 911. Ya en la cabina, se da un trabajo rutinario que poco a poco va tornándose fuera de lo común. A través de un corresponsal, la gerente de la radio, Sydney Briar (Lisa Houle) recoge informes de ciertos brotes de violencia en el pueblo. Mazzy va transmitiendo esta información en vivo mientras la situación va tornándose más violenta y caótica. Hacia el final de la película, casi todo el pueblo ha caído presa de esta epidemia a excepción de Mazzy, Briar y un doctor que se refugió en la cabina de transmisión. Allí, constatan el modo de transmisión de este virus está en el lenguaje humano, el inglés específicamente, y ciertas palabras que afectan a cada persona de manera distinta. Es decir, potencialmente cualquier palabra puede detonar la infección haciendo que el individuo primero desconozca la palabra, luego el lenguaje completo y por último, al perder su cordura, también su esencia humana.

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Cállate o muere

Probablemente quien guste de un film más gráfico y de exposición a la cosa en sí, esta película resulte decepcionante. No obstante, considero que Pontypool es una muy efectiva película de horror con geniales matices de comedia negra. Por un lado, siguiendo los lineamientos del terror a lo no visto, es un acierto total centrarse en la cabina de locución y no en exteriores. La magnética voz de McHattie ciertamente crea un ambiente propicio al miedo que se expande y no puede verse, describiendo la situación al detalle mientras el espectador recrea la situación. Por otro lado, este juego de la narración es una hábil reminiscencia a Orson Welles y su relato de La Guerra de los Mundos el cual también en formato de noticiero también va construyendo una paranoia en continuo crecimiento.

Finalmente, la explicación detrás de la epidemia es sin duda su punto más fuerte. Más allá de fórmulas seguidas al hartazgo, Pontypool encuentra su fuerza haciendo del lenguaje algo siniestro, es decir, un lugar intrínsecamente oscuro, familiar y extraño al mismo tiempo. El temor que despierta parte de esa consternación en el sujeto, en la extrañeza, la confusión y miedo simultáneo. Somos testigos, en estupor, como lo conocido se desintegra y vuelve una masa informe sin significantes, y la relación del lenguaje con aquello que nos rodea se pierde y la falta de un sistema simbólico deja al ser humano a la deriva. Reconocemos las formas pero somos incapaces de representarlas, volviéndonos un zombie –en el sentido más patético de la palabra- en un mundo sin sentido.

Además de la soberbia actuación de McHattie, se debe resaltar la muy buena dirección de McDonald quien logra plasmar un memorable balance entre picos de estremecimiento (como la llamada en donde el corresponsal de la radio pierde la razón) y genial humor negro. Sin lugar a dudas, Pontypool resulta indispensable sea para quienes gusten del género o no, pues representa una bocanada de aire fresco que demuestra que el cine de horror aún tiene espacio para reinventarse y seguir sorprendiendo.


Pontypool (2008) on IMDb
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