martes, 12 de julio de 2011

God of War III


Cuando Kratos subió al punto más alto de los Acantilados de la Locura, consumido en sus miedos y remordimientos, sin esperanza y decidido a matarse ya que los dioses del Olimpo lo habían abandonado, el género de acción y aventura se estaba redefiniendo por completo. A una historia espectacular que se basaba parcialmente en la mitología griega, añadía elementos de juegos de plataformas, puzzles, los minijuegos de combate, gráficos impresionantes y una banda sonora alucinante. Al anunciarse que con este juego, acababa la trilogía de venganza de Kratos, las dudas apuntaban solo hacia qué tan bueno sería God of War III (2010). Y por suerte, resultó mucho mejor de lo esperado.

Inglourious Basterds


Durante la ocupación alemana en Francia en la Segunda Guerra, el coronel de la SS Hans Landa (Christoph Waltz) estaba encargado de perseguir y eliminar la presencia judía de suelo francés. Los aliados, teniendo en cuenta que esta es una realidad alterna, no se quedan con las manos cruzadas y preparan a un contingente bajo las órdenes del teniente Aldo Raine (Brad Pitt) conocidos como los “Bastardos” para eliminar a la mayor cantidad de nazis. Uno de los judíos que escapó de Landa, Shosanna Dreyfus (Mélanie Laurent), adopta una nueva personalidad y se vuelve dueña de un cine. Así, conoce al héroe de guerra alemán Fredrick Zoller (Daniel Brühl), quien por su desempeño en el frente ruso, se volvió un icono del cine de propaganda nazi. Aprovechando esta situación, el alto comando nazi decide que la premiere de la película de Zoller se realice en el cine de Dreyfus. Ella, ve la oportunidad perfecta para vengarse de los nazis, tendiendo una trampa que acabe con los altos jefes nazis, incluyendo a Hitler. Al mismo tiempo, esta oportunidad también es aprovechada por los Bastardos. Sin embargo, su plan es descubierto por Landa, quien toma de prisionero a Raine. No obstante, Landa muestra su verdadero rostro y negocia con los aliados su rendición para evitar ser juzgado como un criminal. El desenlace de la película, es vertiginoso y explosivo. Un baño de sangre, fuego y balas que termina por resumir todo lo que fue la película.

Predators


Una de las mejores estrategias para presentar a un enemigo que infunda miedo, es a partir de temer lo que no puedes ver. Probablemente, porque existe un miedo interno a cómo la nada puede engendrar algo. Es decir, que en lugar de aquello que no vemos, podemos proyectar una imagen monstruosa y distorsionada de lo que realmente es. Quizá por ello el Depredador, quien es un cazador silencioso e invisible, sea tan efectivo. Excepto por un detalle. El Depredador es aún más monstruoso que cualquier imagen previa posible. Y eso lo hizo un ícono de este mundo que mezcla mucha acción y ciencia ficción. Hasta que tuvo la mala suerte de tener una secuela deficiente, y unas películas olvidables con los Aliens.

The Boondock Saints


Uno de los papeles más recordados y memorables de Charles Bronson, era el del vigilante Paul Kersey en Death Wish, quien tomó la justicia en sus manos para acabar con quienes violaron a su hija y mataron a su esposa. A pesar de su crudeza, este film resultó abrumadoramente popular y quizá la respuesta se halle en que frente a una sociedad que no funciona, el deseo de venganza se encuentra en todos nosotros. Aclarando que es una venganza no a un nivel personal, sino contra un enemigo más grande. La misma sociedad que nos ha fallado. No por gusto, si la venganza es un tema recurrente en muchas películas, aquella que engendra a los vigilantes toma mayor preponderancia en las últimas décadas del siglo pasado, a medida que nuestra confianza en la sociedad va disminuyendo.

Una de estas películas es justamente The Boondock Saints (1999) de Troy Duffy, la cual curiosamente es considerada por muchos como una película de culto mientras que por otro lado es masacrada por los críticos con tal furia que inevitablemente tenía que verla.

jueves, 7 de julio de 2011

Dead Snow


Cuando ya no quedó más sitio en el infierno, los muertos empezaron a caminar sobre la Tierra. O al menos, eso es lo que profetizaba George Romero en el Amanecer de los Muertos. Con él, los zombies llegaron al apogeo del horror con características que uno ha hecho intrínsecas al muerto viviente. El zombie es una fuerza indómita, irracional, voraz y los más puristas añaden la lentitud de sus movimientos compensada por atacar en número a sus víctimas. Sin embargo, los géneros mutan. El horror se mezcló con la acción, ciencia ficción (Resident Evil), comedia (Zombieland), el zombie ahora corre, piensa, recuerda, planea. Incluso el mismo Romero en Land of the Dead nos mostraba estos nuevos aspectos en sus muertos vivientes.

The Machinist


De las películas que he visto, donde la trama gire en torno a la culpa, siempre el primer título que surgía era Oldboy. Por suerte, ahora podré señalar a The Machinist (2004) de Brad Anderson como un referente que no puede dejar de verse.

En resumen, la película se centra en Trevor Reznik (Christian Bale) un obrero metalúrgico que sufre de insomnio crónico. No ha dormido en un año y esto ha tenido un efecto físico y psicológico terrible en él. Pierde peso constantemente hasta el punto de ser prácticamente un esqueleto caminante. Sin embargo, esto no parecía un mayor drama para Reznik hasta el día en que conoce a Ivan (John Sharian), otro obrero de la fábrica que pareciera ser el organizador de un complot en contra de Reznik. Lo peor, es que nadie más parece ver o conocer la existencia de Ivan. Para encontrar la respuesta a este misterio, Ivan le propone un juego de ahorcado lo que daría las pistas que están escondidas en la misma mente de Reznik. Ello lleva a Trevor a un estado de paranoia total, que lo desconecta más y más del mundo, sin saber si lo que tiene frente a sus ojos es un complot para volverlo loco, o una manifestación de su mente fracturada.

Dark City


Una de las características recurrentes en el cine de ciencia ficción, es la sospecha paranoica que existe alguien o un algo oculto, moviendo los hilos de lo que llamamos realidad. Este sujeto velado, habla a través de nosotros sin que lo sepamos, controlando nuestros pensamientos o manipulándonos a partir de situaciones azarosas. En mayor o menor medida, películas como The Matrix, The Island, eXistenZ, The Thirteenth Floor, se enfocan en cómo se difumina la barrera entre lo real y la realidad.

Pero Dark City (1998) de Alex Proyas (The Crow, I, Robot) probablemente sea una de las películas que mejor trabaja este tema, ya que no se queda en la superficie de la ciencia ficción y los efectos especiales. Por el contrario, Proyas articula una película que mezcla diversos registros, que van desde la estética del cine expresionista alemán, hasta temática con raíces de cine noir. Matizando reflexiones ontológicas sobre lo que es lo humano pero sin llegar a densos monólogos filosóficos de otras películas que aparentan ser profundas.
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