Por lo general, una película basada en un videojuego tiende a no responder a las expectativas. Variando en un rango desde discutibles (Prince of Persia, Silent Hill), hasta ofensivas (Street Fighter, Tekken, The King of Fighters, Super Mario Bros.). Con la honrosa excepción de Mortal Kombat que para mí sigue siendo una de las mejores adaptaciones que se han visto de un juego y que curiosamente, también es de Paul W. S. Anderson. Resident Evil no era una mala idea cuando empezó, claro que lo único que le faltaba era parecerse al juego del que salía. Es más, teniendo unas joyitas (del desastre) como Dead or Alive y Alien vs Predator en su haber, Anderson estaba a un paso de matar a la franquicia de Capcom cuando en Resident Evil: Extinction (2007) el personaje central terminó con un ejército de clones y poderes psíquicos. Un completo despropósito que parecía indicaba la muerte de estas películas.
Pero como buen zombie, de pronto volvió a la vida.
Pero como buen zombie, de pronto volvió a la vida.



