Existe un chiste recurrente cuando uno habla del gran Sean Bean y es llamarlo the walking dead, o la muerte que camina. Es verdad, uno puede creer que solo cuando su personaje muere –normalmente de la manera más cruel posible- puede Bean entregar esa matiz épico y trágico que pareciera ser su sello personal. Pero quedarnos en esa anécdota evita que enfoquemos no solo la real dimensión de muchas de sus performances sino también mermar la valoración que se pueda dar a las películas en las que actúa. Por ello, es importante rescatar una muy interesante película como Black Death (2010), la cual no ha tenido mayor repercusión a pesar de ser bastante buena y contar con muy buenas actuaciones. Sospecho que parte de la culpa radica en estar mal catalogada pues la encontré en una recomendación de películas de horror cuando siento que está más cercana al drama o al misterio.
