
En un tiempo en el que la idea del sacrificio idealista por la coherencia
de ciertos valores y creencias parece desaparecer frente a la gratificación que
otorga la vida privada (el trabajo acumulativo, la familia, la pareja, la
cultura mercantilizada, el entretenimiento, los viajes, el goce, etc.),
Hunger
(2008)
de Steve Mcqueen, nos recuerda que hubo un tiempo en donde los
antagonismos y conflictos sociopolíticos generaban ideales y místicas ideológicas
inquebrantables. Hunger cuenta la historia de Bobby Sands, el militante del IRA (Ejercito
Republicano Irlandés) condenado en 1976, por la tenencia de armas
de fuego a 14 años de prisión en Long Kesh (La prisión Maze, como la conocían
los ingleses) y donde transcurren los hechos narrados en el film. La historia
se limita a contarnos el desenlace de una larga lucha moral dentro de la
prisión por parte de los presos políticos para mantener su dignidad. Ya desde
1976, tanto los prisioneros hombres del IRA en “Maze prision” como las mujeres
recluidas en “Armagh” iniciaron una resistencia simbólica para lograr que los
británicos les reconocieran el estatus de “prisioneros políticos”.